FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Carmelo García y la irrealidad. Por Francisco Pomares

Cada uno ve las cosas desde donde la vida le hace mirarlas, pero hay gente que se dedica a la política y vive instalada en un discurso lisérgico: Carmelo García, portavoz coalicionero en Arona, se descolgó el otro día con unas declaraciones calificando la gestión municipal durante el mandato del alcalde Berto González Reverón, como «ocho años de crecimiento, donde situamos a Arona como uno de los municipios más importantes y transparentes de España». No sé si don Carmelo desayunaría muesli con setas tóxicas, se le calentó el pico o se le fue la pinza, pero la Arona de la que él habla no existe en otro lugar más que en su propia imaginación.

Tras los ocho años últimos -los de la crisis- el municipio de Arona no está mejor que antes, todo lo contrario. Arona no es hoy uno de los municipios turísticos más importantes de España, pero incluso si se la compara con otros pueblos turísticos cercanos como Adeje o Guía, es evidente que el municipio -que era uno de los más prometedores y con más posibilidades de desarrollo del Sur de Tenerife- perdió el tren y se estancó. A los efectos generales de una crisis que trajo paro, marginación y pobreza para todos, en Arona se vino a sumar una situación de colapso absoluto de la gestión municipal, malas prácticas, enchufismo, despilfarro, ilegalidades pequeñas y grandes, malversación, prevaricación, corrupción y ausencia total de un proyecto para el pueblo, que concluye con la voladura legal del Plan de Ordenación Urbana, aplaudida hasta con las orejas por quienes de verdad controlaron Arona con Berto y aspiran a seguir medrando.

Los ocho últimos años han dejado un Ayuntamiento embarrado, arruinado e incapaz siquiera de pagar la gasolina de su parque móvil porque las estaciones de servicio locales ya no le fían. Un ayuntamiento del que se llevaron no sólo hasta los clips y las gomas de borrar, sino también la confianza de sus vecinos, hartos de la golfería generalizada, descrita hasta la saciedad en los sumarios de los casos cuyo epicentro ha sido el pasado gobierno municipal. Tantos casos que ha habido que numerarlos para no perderse: Arona 1, Arona 2, Arona 3, Arona 4… Y en cuanto a la transparencia, de la que el concejal García presume, es verdad que la gestión del conseguidor Berto se hizo transparente: en las decenas de miles de folios de sumario que recogen sus desvergonzadas conversaciones, sus maniobras fraudulentas y sus caciquiles miserias…

Carmelo García habla de una Arona distinta a la que veo yo y ven sus vecinos, los mismos que -por cierto- le quitaron a su grupo municipal nada menos que ocho ediles en las últimas elecciones, en el mayor retroceso sufrido por Coalición Canaria en toda la región.

Don Carmelo debería cambiar de muesli mañanero, hacer un esfuerzo por superar la irrealidad, entender lo que ha pasado y cambiar de estrategia. Quizá colaborar con la nueva mayoría para intentar sacar al pueblo del agujero, aprovechar las oportunidades de la tímida recuperación económica y la bonanza turística. Porque alardear de un pasado que Arona debe olvidar no parece hoy lo más sensato. Sobre todo cuando la vergüenza infamante de ese pasado va a ser abierta en canal en el juzgado durante los próximos meses.

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