FIRMAS Francisco Pomares

A babor. El tercer imputado. Por Francisco Pomares

Lourdes Reyes, responsable financiera de la televisión pública canaria desde su fundación hace quince años hasta hace uno pocos días, ha sido también imputada por el caso de la reventa (o recompra, como se prefiera) de las producciones de Francisco Padrón por Willy García. Parece difícil que una operación de esa envergadura, por un total de casi dos millones de euros y continuada a lo largo de media docena de contratos durante un año, pudiera llevarse a cabo sin el conocimiento y la complicidad de quien ha dirigido los servicios financieros de la tele canaria con absoluta autonomía y sin apenas control público durante años. Conviene recordar aquí que las famosas cuentas de la tele de Willy García, rechazadas sistemáticamente por el antiguo Consejo de Administración de la tele, son realmente las cuentas de Lourdes Reyes. Aquí se funcionaba a dos manos: Willy García firmaba los contratos, pero era Lourdes Reyes quien los hilvanaba.

Su imputación, que saltó el martes a las redes sociales y ayer se convirtió en información en la propia televisión canaria (los tiempos cambian), explica la extrema urgencia con la que el nuevo Consejo rector de la radio televisión pública canaria la destituyó, prácticamente en su primera sesión, sin siquiera tener decidido repuesto para un cargo fundamental en el organigrama de la tele, un cargo que aún no ha sido cubierto. Las críticas a la unánime y fulminante actuación del Consejo, emanadas sobre todo de los partidos políticos que hasta anteayer mismo se repartían en comandita los cargos de la dirección de la tele, enmudecen ahora ante la decisión judicial.

Porque el Consejo acertó sin duda (al margen de la obvia presunción de inocencia que ampara a Lourdes Reyes como ampara a Willy García o al propio Francisco Padrón), al precipitar la salida de la todopoderosa y discutida directora financiera del ente. No se explica sin embargo que aún no haya sido sustituida: la tele no puede estar sin el que es uno de sus pilares fundamentales, la dirección administrativa y financiera. El encargo exterior de una auditoria de gestión, planteado por el Consejo, está bien para saber qué pasó en esa casa los últimos ocho años. Pero también hay que ocuparse del día a día.

Menos aún se explica la actitud bisoña y errática que ha llevado al propio Consejo a aprobar las cuentas 2014 de la etapa de Willy (las anteriores siguen sin aprobar), después de años de resistencia del consejo anterior a darles el visto bueno, ante la evidencia de irregularidades y contrataciones injustificadas. Desde el Consejo, dividido ante esa aprobación, se ha alegado que se trataba solo de un trámite contable. Es cierto. Pero en ese trámite hay también una lectura política: la de que el nuevo Consejo aprobó unas viejas cuentas, presentadas por alguien que se sabía que iba a ser imputada, y a la que se había destituido preventivamente un par de semanas antes.

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