FIRMAS

¡Listos, que sois unos listos! Por Manuel Herrador

A ustedes, los listos:

Que saben de cualquier tema y, por lo tanto, sientan cátedra cuando opinan expertamente de fútbol, de moda, de política, de sexo, de religión, de economía, de diseño, de decoración, de cocina, de estilismo, de periodismo, de comunicación, de cómo iluminar un set de TV, de contenidos programáticos, de redacción, de lingüística, de maquillaje, de actualidad, de informática, de fotografía, de realización audiovisual, de locución, de creatividad publicitaria, de maquetación en prensa, de sonido profesional, de imagen televisiva, de producción audiovisual, de telegenia, de radio, de revistas, que dominan absolutamente de todo.

Hasta ahí, venga, vale, admito que seáis muy listos. Pero cuando con vuestras subjetivas opiniones emitidas, en ocasiones, sin tener ni puñetera idea de lo que habláis -como consecuencia de falta de formación en la materia y de experiencia profesional-, y hacéis daño y perjudicáis a personas, empresas, instituciones o medios de comunicación, entonces es que se me sale la vena del cuello. En ese momento en el que compruebo que un inepto, un ignorante mediocre, en vez de prestar su ayuda se esfuerza en joder a los demás, entonces, decía, que me entra una mala leche impresionante.

Es una putada que el poder positivo y constructivo que permite un micrófono, una pantalla de TV o una página de prensa, sea manejado negativamente como una herramienta injusta, subjetiva y tendenciosa, sobre todo cuando se usa contra jóvenes profesionales, recién saliditos de la universidad o con poca experiencia, que lo que menos necesitan es que un vulgar contador de gilipolleces acabe con sus ilusiones, los maltrate inmerecidamente y ponga en claro peligro su porvenir laboral y profesional, es decir, su propio futuro.

¡Nadie nace sabiendo, listillos, que sois unos listillos!

Cómo me jode que los adultos, a veces, los que se supone que debemos atesorar conocimiento y dilatada experiencia, los que somos responsables de la caótica situación por la que están pasando nuestros jóvenes, los que no hemos sabido articular una sociedad engranada entre la universidad y la formación profesional, pongamos en riesgo sus puestos de trabajo porque el rencor, el odio, la envidia y algunos complejos psicológicos no detectados, impidan ver todo lo grande y bueno que la juventud posee, sus ilusiones más transparentes, sus aspiraciones más inocentes, sus anhelos más razonables y, también, su futuro económico.

A los mediocres que evalúan sin bondad, sin corazón, sin respeto, sin querer proyectar lo bueno, sin querer ver lo positivo, tan solo jodiendo al prójimo por la satisfacción de perder un ojo propio a cambio de observar –con el que le queda- cómo su vecino se queda ciego de los dos, a los que dicen “NO” a todo, a los que siempre tienen en la boca una frase descalificadora para los demás, a los que no ayudan para que el otro no progrese, a los que disfrutan viendo cómo cae un proyecto ajeno, a los que no son capaces de pasar una mano de ánimo por el hombro del que está empezando, a los que no alientan sino que destruyen, a los que no conocen el valor de la paciencia y el mérito del esfuerzo constante, a los que ya nacieron sabiendo porque son muy, pero que muy listos, a todos esos, les digo que se vayan a hacer puñetas y que, a pesar de su protervo comportamiento, espero que a sus hijos y a los de sus seres queridos, a sus sobrinos y a sus nietos, el día de mañana no se les cruce en su vida nadie con tan mala baba como la que ellos tienen.

A ver si cambiamos de actitud y aprovechamos nuestras empresas, nuestro poder económico y mediático, la influyente madurez y experiencia para potenciar positivamente la labor de los jóvenes de hoy, que serán los buenos y grandes hombres y mujeres de la sociedad del futuro, ¡y no al revés!

¡Listos, que sabéis de todo!

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