FIRMAS

El quincuamundo. Por María Carolina Armas ‘Zagreb’

Habían pasado 50 años .Yo era un poco más vieja, eso del rejuvenecimiento eterno todavía no se había inventado. Estaba sentada en mi silla de madera longeva, la más longeva pues era la única que existía (yo y mi síndrome de Diógenes) que crujía en su balanceo dado los años que ya rozaban el siglo y la gran cantidad de sulfuro que dominaba el ambiente, el que perecía más su estado.

Me amputaron los ojos, no de la manera más bruta y cruel sino con sofisticadas tecnologías del momento (bueno más bien macrotecnologías como al resto de la humanidad), por otros robóticos con los que podía cocinar pues estaban conectados a mi cerebro y cada vez que mi estómago gimiera a través de mis jugos gástricos instantáneamente aparece ante mis ojos ese flan, ese arroz a la cubana (pues en gastronomía no tendimos al minimalismo aquel sino a los platos y postres de siempre). La forma de comer había cambiado, las manos habían desaparecido dada su inutilidad .La tactilidad de la telefonía móvil o el invento de los coches inteligentes, fueron algunas de sus causas, ¡quién lo iba a decir! Todo lo que creamos con las manos para que luego estas fueran destruidas (ironías del destino…)

A través de mi ventana, (¡una ventana!) divisaba como cada mañana la nueva juventud de la época poscontemporánea. Al no existir la descendencia , la juventud eran los 50 años , ya no había personas celebrando su mayoría de edad , éramos inmortales (pobres los últimos de la era contemporánea que murieron) vivíamos del sol , de su energía pues una máquina captadora de rayos solares sacaba fotocopias y la introducíamos en nuestro nuevo corazón que era un compendio de señales de trillones de marcianos a los que uno se tenía que supeditar para sobrevivir , el mío era el cable “= “pues el marciano que me dominaba era similar a un humano. La escritura también había desaparecido a consecuencia del “adiós” de nuestras manos. Los mensajes eran simples iconos, tales como los del whatsapp de antes, el icono enamorado (no era que estuvieras muerto de amor sino más bien de hambre), la cara picarona significaba amor aunque más bien el amor se convirtió en el carpe diem de infidelidades constantes .De hecho, se estableció la regla de ser infiel.

No se lee igual pues la lectura se suprimió , la nueva tendencia es ser fustigado por una especie de misil que atraviesa todo , más allá de la atmósfera y sobresale al espacio , con el idioma marciano , nos disparan día a día contra el cerebro para manipular nuestras ideas aunque de esto tuve un Déjà vu pues antes también se hacía , los poderosos hasta se valieron de las nuevas tecnologías para manejar todo y no solo los dirigentes políticos sino los que ostentaban el poder de la palabra :los medios de comunicación. Aunque todavía el pensamiento o mejor dicho la potencialidad humana nunca explotada ganaba terreno y retornaba. No podíamos devolver la respuesta con los labios, ya que el habla había desaparecido.

Los oídos, inexistentes, perdimos la capacidad de escucha .Los ojos se quedaron pues debíamos admirar la belleza de los marcianos que al igual que la idiocracia humana estableció un canon de belleza: aquel que tuviera más número de ojos y más piernas (que parecían más bien pepinos). Nos desactivaron precisamente las piernas a través de una amputación (la palabra más traducida al idioma marciano) de 40 horas a rayos x y nos antenizaron para atenderlos única y exclusivamente ; lograron hacerse con la faz de la Tierra aquello tan bonito y que nunca comprendimos los humanos pero ellos vaya que sí .Ahora dormiré un poco , activaré la función “off ” existente que tanto utilizábamos en clase cuando nos aburríamos y no pensaré que tras aquella simplona y arcaica ventana había un mundo que me atemorizaba , el quincuamundo , el mundo de dentro de 50 años.

 

 

 

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