FIRMAS Juan Velarde

El CD Tenerife necesita gestores y no ególatras de medio metro. Por Juan Velarde

Escriben mis compañero de ABC Canarias que Paulino Rivero lo tiene en chino si ahora mismo quisiera acceder a la presidencia del Club Deportivo Tenerife. ¿La razón? Que en su última etapa como mandatario canario otorgó a la directiva que preside su amigo Miguel Concepción una morterada de millones en subvenciones, concretamente 3,4 kilos, que harían no sólo incompatible legalmente, sino totalmente indecoroso que alguien de la esfera pública pase a presidir la entidad a la que regó de pasta desde su atalaya como jefe del Gobierno regional.

No obstante, y conociendo como funcionan las cosas por estos lares, tampoco sería de extrañar alguna canchanchanada autóctona, que al final se trastoquen normativas legales para que, curiosamente, al final el de El Sauzal pueda acabar presidiendo el club del Callejón del Combate sin que sea un obstáculo la inyección económica dada desde Presidencia del Gobierno canario.

Independientemente de trampas legales o no, el simple hecho de que Rivero pudiera ser el presidente del conjunto blanquiazul resulta a todas luces indecoroso. Todos fuimos partícipes en 2006 como se gestó la llegada de Concepción a la entidad deportiva, aquella comida en un conocido restaurante del norte de Tenerife y como el designado era, curiosamente, Miguel Concepción, amigo íntimo del político nacionalista. A nadie se le oculta que los deseos del mandatario de Coalición Canaria eran, ni más ni menos, que acceder a la presidencia del Tenerife, pero su designación como candidato al Ejecutivo autonómico sí le suponía un verdadero obstáculo, así que nada mejor que para asegurarse la línea continuista el poner a un hombre de paja como Concepción.

Así las cosas, durante los años de Gobierno de Rivero al frente de la presidencia regional, al Tenerife no le han faltado subvenciones que en otros tiempos no llegaban ni con tanta facilidad ni con tanta frecuencia (en este capítulo siempre se notaban a los mandatarios en el cargo los colores de su camiseta deportiva). Sin discutir la conveniencia o no de esas ayudas, lo cierto es que la última entrega, de más de tres millones de euros, no fue nada cristalina dado el grado de ocultamiento de la misma.

Desde la lejanía, desde Madrid, veo que este acceso de Rivero a la presidencia del CD Tenerife no sólo sería totalmente indecorosa, sino que de nuevo al equipo llegaría otro mandatario que no llegaría a la directiva blanquiazul para servir, sino para servirse. La afición tinerfeña se merece en el club alguien que venga con ideas, que delegue en las áreas correspondientes y que no quiera venir como un Dios todopoderoso y omnipotente que, en cuanto el balón no entre, se dedique a fichar y a destituir entrenadores como un Concepción cualquiera. El CD Tenerife, en definitiva, necesita gestores y no ególatras de medio metro.

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