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DENTRO DE LA PIRÁMIDE. El día en que descubrí a Lolita. Por María Carolina Armas Pérez ‘Zagreb’

En lo que llevo de cuatrimestre en la pirámide, la asignatura que ha sobrepasado mi ser es la de literatura.

El profesor cuenta con la capacidad de envolverte en el mundo de los libros, en ese mundo al que admito me da pereza acceder aunque la pirámide o mejor dicho lo que la conforma, quiénes la conforman o quiénes la quieren conformar te puede sorprender de la manera más inesperada.

Esto me sucedió en una de las clases prácticas de todos los jueves con el análisis de la primera página de Lolita , una novela que de nada me sonaba y que desde su publicación en 1955 causó una gran polémica pese a que el profesor nos enseñó que la clave de la buena lectura y comprensión de la obra de Vladimir Nabokov se halla en observar más la forma que el contenido con la reflexión sobre el prólogo en el que el autor magistralmente se enmascara, tras la figura de un reputado filósofo para dotar de credibilidad a su texto y vaya que si lo consigue…

Lolita

Nunca una prosa me transmitió escalofríos, sí, auténticos escalofríos, literales, en mis brazos, en todo mi ser (bueno más bien sobre mi piel) vibraban las palabras en voz del protagonista de la novela, “Humbert Humbert”.

Me resultó impresionante su llamativismo en tan pocas frases y tan sencillamente expresadas, tajantes.

Nunca ningún libro desde el principio me había calado tanto y los anteriores que había leído, era más bien por obligación por sentirme más culta pero no por placer y este me lo ha generado. De hecho, lo voy a empezar a leer en breve y sin nadie haberme inducido a ello, simplemente me ha inducido la prosa, sí, ese elemento inanimado por definición cuando es capaz de las más grandes proezas.

Ponerte en la piel del personaje es complicado y, que un autor lo consiga desde el primer párrafo, te obliga quieras o no a seguir su lectura y evadirte del mundo; este es un deseo emergente en mí y creo que si los demás que estaban en la clase son humanos, los habrá cambiado de alguna manera.

Les dejo ese primer párrafo que tanto me impactó y que me ha llevado a escribir esto, para ver si no soy la única loca que ha comenzado el “proceso de enamoramiento” de esta novela:

«Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes».

 

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