FIRMAS Marisol Ayala

Lo que la ciudad esconde. Por Marisol Ayala

Jamás me habían pegado. Ni mis padres. Es la primera vez que me ponen la mano encima”.

Quien habla es un empresario que después de trabajar toda la vida una madrugada de hace un par de meses vivió el infierno en su casa.

Escuchó ruidos, se levantó y por la mirilla vio a cuatro encapuchados. No le dio tiempo a nada. Echaron la puerta al suelo. Estaba solo. Lo amordazaron, lo golpearon, lo amenazaron, lo humillaron. Quince minutos de horror en los que ningún vecino atendió sus gritos de auxilio. Los atracadores buscaban dinero pero el hombre no tenía.

Volvieron la casa del revés. Cuando se fueron llamó a la policía y lo trasladaron al hospital. Ni rastro. Van dos meses. Todavía hace esfuerzos para no llorar cuando relata el infierno vivido.

En nuestra ciudad están pasando demasiadas cosas relacionas con la seguridad de los vecinos. Comienza a dar miedo. Hace tres semanas en la zona de Siete Palmas ocurrió algo parecido; tres encapuchados entraron en una vivienda, ataron a los moradores y arrasaron con todo lo que pudieron. No hablaban.

Denunciado el caso, siguen esperando respuesta policial.

Otro más. Hace unos días una joven salió a llevar a su niño al colegio, ocho y pico de la mañana; al volver se llevó el susto de su vida. En menos de 15 minutos, los que tardó en regresar, dos hombres entraron en la vivienda y se la destrozaron. Estos trabajaron con guantes. Ni una huella. Un vecino se los tropezó en el portal pero pensó que eran amigos de alguien. La mujer no denunció, tuvo miedo.

Lo último que conocemos es el caso de la joven estudiante de Arenales, asesinada en su casa. La guinda del pastel. Frente a esas evidencias, ¿es mucho pedirle a la Delegación del Gobierno unas pautas de precaución dirigidas a los vecinos? Ya sé que políticamente eso no es rentable pero lo primero es lo primero.

De momento cierren bien puertas y ventanas.

Desconfíen.

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