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Belén Esteban llegó virgen al matrimonio y Lydia Lozano no hizo el amor con un cubano. Por Manuel Herrador

Gracias al programa “Sálvame Deluxe”, de la cadena de televisión Tele 5, millones de españoles hemos descansado –por fin- tranquilos y felices desde el pasado fin de semana

 

Ha sido una larga y dramática semana. No hay humano que resista tanta incertidumbre durante tantos días. Desde que apareció un cubano afirmando que había tenido sexo de pie en el baño de su casa de La Habana con la periodista Lydia Lozano, hace ahora 20 años, somos muchos los ciudadanos de bien que no hemos podido dormir de un tirón. Pero lo peor es que, sin haber digerido aún esta desgarradora noticia, aparecía un exnovio de Belén Esteban quejándose de que había sido un cornudo durante los últimos meses de su relación con la “princesa del pueblo”, ya que asegura que la colaboradora habría compartido su amor con el matador de toros Jesulín de Ubrique. Aquí, ya fue cuando la semana se me vino abajo, a mí y a millones de españoles comprometidos. ¡Qué tristeza más profunda, qué angustia descorazonadora!

Menos mal que el viernes por la noche, a las nueve, sin hambre, sentado frente al televisor, en pijama y con la bandeja de la cena sobre la mesita del comedor –ensalada, unas rebanadas de pan, mantequilla, pechuga de pavo cocido, galletas, dulce de guayaba y agua fría-, empezaba la apasionante velada de ‘Sálvame Deluxe’ para esclarecer, de una vez por todas, los siniestros hechos perpetrados por tan bizarras celebridades. ¡Qué nervios, qué tensión, qué desazón, qué excitación!

Primero, aparece el exnovio de ‘la Belén’ atreviéndose a afirmar que tras varios años de relación romántica y apasionada con ella, ahora se sentía ninguneado por no ser protagonista en los relatos de la vida amorosa de la estrella televisiva cuando, según aseguró, él sí había mantenido relaciones sexuales completas con ella, o sea, que el torero no fue el primero como asegura su exnovia, y entre este tema del desvirgue y el de que tantos años de amor no dejaran la más mínima huella en Belén, que ni siquiera lo menciona en su biografía, pues eso, que a un hombre lo de la indiferencia de una ‘ex’, le duele mucho.

Medio atragantado con una especie de sándwich de los que yo me hago compuesto de galleta, trozo de dulce de guayaba de un dedo de alto y galleta, aparece otro señor, cubano, que va y dice que le echó unos cuantos polvos a Lydia Lozano en el cuarto de baño de su casa, allá en Cuba, y de pie, mientras el marido de la periodista estaba en la planta baja de la vivienda sin, al parecer, percatarse del presunto acto de ‘cornamentus infidelitis’. ¡Dios, qué congoja! Ya estaba a punto de vomitar toda la cena por el disgusto doble al que yo mismo me estaba sometiendo, con libertad y sin coacción, con el estómago cerrado, reteniendo líquidos, cuando de pronto todo da un giro de 180 grados. De repente, entre las misteriosas respuestas incuestionables de Conchita (la poligrafera) y los gritos de Belén, todo queda perfectamente resuelto. La máquina de la verdad dictamina que los polvos cubanos no han existido y Lydia, ¡gracias a Dios!, vuelve a ser el ejemplo de mujer fiel que todos anhelamos para nuestras madres e hijas. Y hete aquí que segundos después, Belén convence con su dulce y comprimida voz a todos los que la seguimos y creemos en su versión. Porque la verdad es que en cuatro o cinco años de noviazgo no me creo yo –como dice ella- que se haya acostado con su novio y, mucho menos, que hayan consumado el acto.

¡Qué descanso, qué alivio, qué felicidad! Todo vuelve a su estado de tranquilidad habitual. ¡Gracias, ‘Sálvame Deluxe’! Pero, ¡por favor!, ¿quién va a pensar que una mujer pueda ponerle los cuernos a su marido en Cuba, a pocos metros de él?, ¿y quién puede creerse que una mujer y un hombre, ambos de 19 o 20 años de edad, van a hacer el amor con tan solo cuatro o cinco años de noviazgo? ¡Qué disparate! ¡Perder la virginidad y ser infiel!

Desde el sábado por la mañana ya estoy haciendo mucho mejor las digestiones, se me ha vuelto a abrir el apetito y estoy yendo al baño con regularidad. Hay temas, como comprenderán, que tienen a uno en ascuas toda la semana. Como ha quedado demostrado, y como todos sabemos, lo normal y corriente es llegar virgen al matrimonio tras dos o tres noviazgos y, por supuesto, a nadie se le ocurre ser infiel cuando solo te separa de tu pareja una escalera que te lleva directo al nido de amor en el que te pueden echar kikis con tranquilidad, es decir, el cuarto de baño del piso de arriba, por mucho morbo que esa situación provoque y por muy dulce y atractivo que sea el cubanito sabrosón anfitrión.

A ver…

 

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