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‘Negro Juan’, una novela de Francisco Estupiñán. Por Eduardo García Rojas

“- Yo, gracias a Dios, no he sido esclavo. Llegué al mundo de los blancos como hombre libre y así en vivido en Lisboa, Sevilla y estas nuevas tierras. No creo que hubiera soportado la esclavitud, aunque he tenido que soportar muchas chanzas y desprecios por nuestro color, lo que me ha hecho hervir la sangre en más de una ocasión. He callado incluso con petimetres que no hubieran aguantado en pie mi primera acometida. Eso es lo bueno de la libertad, que he podido evitar a quien no me ha parecido una buena persona y he procurado la amistad de buenos cristianos.”

(Negro Juan, Francisco Estupiñán Bethencourt, M.A.E. Editor, 2015)

Francisco Estupiñán Bethencourt irrumpió en la república de las letras con una excelente novela histórica y de aventuras titulada El corsario de Lanzarote, título por el que obtuvo el premio Benito Pérez Armas en la edición de 2012, y libro en el que se detectaban algunas de sus preocupaciones literarias.

Estas tendencias se encuentran también en Negro Juan, probablemente porque ambas novelas son más o menos coincidentes cronológicamente y están inspiradas en hechos reales que el autor recrea aportando pinceladas de ficción.

Se tratan, además, de relatos en los que se revela la querencia que tiene Francisco Estupiñán por la conquista que emprendieron un mosaico de pueblos que todavía no se conocían como España en Canarias y las Américas, el Nuevo Mundo, así como por cultivar un estilo que respeta la espartana escritura que nos legaron los cronistas de aquel momento histórico y que Estupiñán imita con asombrosa pericia.

Y estos hallazgos que podrían haberse convertido a la postre en un lastre del que hubiera resultado difícil sacudirse, dan consistencia al diseño psicológico de los personajes y a un discurrir de la narración que, en el caso de Negro Juan, y al mostrarse tan respetuoso con los hechos históricos, pesan más sobre la aventura lo que repercute en la recreación biográfica aliñada de ficción sobre la vida del primer negro libre que pisó tierras americanas.

El libro cuenta con un inicio que captura la atención del lector, por flemático que este resulte, y que Estupiñán aprovecha para presentar a su protagonista y el entorno en el que se mueve: la populosa Sevilla del XVI, por aquel entonces “la ciudad europea con más esclavos negros”.

Pronto sabremos que entre las ambiciones de Juan Garrido –el negro Juan del título– se encuentra la de embarcarse para navegar a tierras americanas y conquistar fortuna, por lo que traba amistad con algunos de los hombres que hicieron posible aquel sueño allende los mares, como Ponce de León, hasta conseguir enrolarse en un navío que, tras hacer escala en las Canarias, continúa su ruta hacia el Nuevo Mundo.

Con notable pulso narrativo, Francisco Estupiñán narra las vicisitudes que atraviesa su héroe, entre otras la de ser un igual entre los hombres de armas con los que comparte batallas y tras regresar a Sevilla y volver a América, terminar sirviendo a las órdenes de Hernán Cortés en su conquista de la Nueva España, capítulos en los que conoce a un tal Bernal Díaz del Castillo que se muestra poco aliado del protagonista y soldado de existencia real que escribió uno de los relatos más apasionantes sobre la conquista de América y libro, presumo, de cabecera del mismo Estupiñán: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

Si hay una crítica que esgrimir contra Negro Juan es que para narrar esta aventura a Francisco Estupiñán le sirven solo unas 160 páginas, páginas que se interrumpen con un abrupto e inesperado final que quizá, sospecho, obedece más a emular las crónicas que pusieron por escrito aquellas gigantescas gestas.

Unas gestas que, ironías literarias, exige actualmente de más literatura de ficción. Novelas y relatos vistos desde la perspectiva del siglo XXI y sin apego entre los bandos que la protagonizaron: nativos y europeos.

La conquista de América fue un choque cruento de civilizaciones, pero también supuso, y es un hecho que resalta Estupiñán en el relato, una mezcla de culturas que se levantó “sobre la sangre de blancos, negros y naturales de aquellas tierras.”

En este nuevo mundo, Juan Garrido partirá en expedición a la busca de la Fuente de la Eterna Juventud e introducirá el trigo en América, tierra en la que conocerá el valor de la palabra libertad al observar el trato que reciben otros hermanos de raza pero también, y he aquí lo más importante, lo que significa ser un hombre libre pero de segunda clase cuando comprueba que pese a los esfuerzos realizados en los campos de batallas su recompensa es menor que la de otros camaradas de armas.

Ello supone, y así lo razona Garrido, que el acariciado sueño americano trufado de muertos entre los que se encuentra una esposa, hijos y amigos, se disuelva a medida que transcurre el tiempo y los cabellos de Negro Juan se tornan canos.

Dicho esto, solo cabe añadir que Negro Juan es una de esas novelas que tras finalizarlas el lector –ese al menos ha sido nuestro caso– demandaba más páginas para continuar ahondando en la existencia de  personaje tan fascinante, uno de los héroes que partieron a territorios americanos para convertirse en otra persona.

O en un hombre libre con todas sus letras.

¿Llega a cumplir ese sueño el protagonista de la historia?

Eso solo lo sabrán si leen esta adictiva novela que da la sensación de quedarse a medias…

Saludos, exploramos, desde este lado del ordenador.

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