FIRMAS Salvador García

Ingreso mínimo vital. Por Salvador García Llanos

Las elecciones legislativas están en un horizonte razonablemente cercano. Hoy mismo, se celebra la última sesión de control al Gobierno en las Cortes y en muy pocos días éstas quedarán disueltas. Fin, por tanto, de la legislatura. Los partidos políticos ya han empezado a hablar, con anticipos de ofertas y programas, en tanto que se escuchan las trompetas de la propaganda. El índice de audiencia, por otro lado, de un programa televisivo que se puede considerar el primer debate preelectoral, con más de cinco millones de espectadores, da a entender que, lejos de lo que podía suponerse, hay interés en recuperar la política. No parece, desde luego, que la inhibición y la abulia, la desafección y la desmotivación, tan características de un tiempo a esta parte, sean los factores predominantes.

Es la hora de los partidos, en efecto, de ahí que hay que mirar y examinar detenidamente las novedades que aporten a la ciudadanía para tratar de mitigar o resolver sus demandas. Dentro de pocas fechas, el ruido de los enconos o de los enfrentamientos no dejará distinguir las ofertas programáticas más sustantivas, de modo que es cuestión de poner atención ahora en aquellos planteamientos concretos orientados a la finalidad antedicha. La crisis no se ha cerrado: sigue habiendo carencias y colectivos sociales que esperan de los partidos políticos la formulación de medidas que les alumbren alguna esperanza, alguna salida.

Los socialistas, por ejemplo, hablan de poner en marcha una nueva prestación dirigida a los hogares sin ingresos y en situación de contrastada necesidad, concebida como prestación no contributiva de la Seguridad Social. Se denomina Ingreso Mínimo Vital (IMV) y viene a ser como una última red de protección social para atender a las personas que, por la causa que sea, hayan quedado desamparadas. En principio, se calcula que hay unos setecientos treinta mil hogares sin ingresos y casi un millón novecientas mil personas teóricamente beneficiarias.  Luego la iniciativa tiene su razón de ser.

El IMV trata de proporcionar a las unidades familiares sin ingresos una renta que les permita afrontar las necesidades más básicas. Con él se pretende terminar con la pobreza infantil extrema con una prestación por hijo a cargo. Es una manera, según explican fuentes socialistas, de combatir la pobreza y el incremento de la desigualdad, pero también compensar el notable descenso de la protección por desempleo.

La gestión de este Ingreso estaría a cargo del sistema público de Servicios Sociales, con participación convenida de las comunidades autónomas y en coordinación con los servicios públicos de empleo. Para acceder al IMV es necesario probar la inexistencia de rentas, además de acreditar la activación laboral y la formación para el empleo.

El Ingreso Mínimo Vital, en caso de cristalizar, supone invertir en la infancia, es decir, se trata de que los niños en hogares con menos rentas mejoren sustancialmente su situación, o lo que es igual, sea eliminada la pobreza más severa de quienes la padecen.

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