FIRMAS

Construyendo Canarias. Por Ce Castro

Los últimos días da la impresión de que se ha vuelto a «recrudecer» el denominado pleito insular. Ese extraño fenómeno que no termina de superarse en el Archipiélago y que más que luchar por la equidad entre los ciudadanos de a pie, solo persigue consolidar la hegemonía económica, política e institucional «de unos patrones sobre otros patrones».

Utilizado por todas las ideologías y en todas las épocas, el pleito ha sido y es un difícil escollo a superar también por el nacionalismo de las islas. En teoría, la lucha se libra entre quienes piensan que Canarias es una suma de islas y quienes mantienen que la nación debe imperar. Unos creen que la autonomía se debe construir desde la isla (de abajo hacia arriba) y otros defienden que debe hacerse a la inversa (la canariedad se irradia desde arriba hacia abajo). Esto se mezcla con el papel que deben jugar los cabildos y con el que juegan los partidos de ámbito estatal; y se tropieza con los personalismos de quienes cuando se sientan en una silla promueven una cosa y cuando ocupan otra, sin rubor alguno, patrocinan la contraria.

Parece que en este nuevo episodio, como en tantos otros, si uno profundiza algo, no demasiado, se da de bruces con la realidad, que es muy diferente a cómo es sentida o percibida por la sociedad. Todo ello amparado en el desconocimiento, porque en esto de la vida, en ocasiones, las apariencias engañan. Aquí todos se aprovechan de la ignorancia: Si logro que los de aquí no sepan cómo están los de allí y viceversa, siempre saldré ganando. Todo esto del pleito, que al final no es otra cosa que una elemental pelea por «las perras», está adornado por una serie de planteamientos cuasi teóricos que le dan apariencia de certeza científica. Las clases adineradas se han cosido un traje a la medida para justificar la consecución de sus intereses.

Como si de un eslogan de campaña se tratara, todos defienden Canarias. Los políticos de todas las ideologías y corrientes se adueñan de la identidad de los pueblos y ahí es cuando llegan los despropósitos. Se excluye al que piensa distinto y se le tacha de «traidor». Si no estás conmigo, estás contra Canarias. Han sabido jugar muy bien su papel de defensores de la patria. Unos lo han hecho de manera algo burda y otros de forma más sibilina, pero el objetivo se ha conseguido: Mientras estamos enfrascados en que al vecino le han dado más que a nosotros, sus negocios –los de ellos- pasan inadvertidos. Nadie enseña las cuentas y así, con cuentos, la discusión se eterniza hasta el infinito.

Lo que no se nos puede escapar es que está bien defender los intereses de Canarias, o de cualquier isla, pero siempre sin olvidar que los 2.098.649 de personas que residen en las Islas tienen necesidades y pensamientos muy diferentes unos de otros. Nadie tiene capacidad suficiente para hacerse valedor único del concepto «canarias»; y por cierto, ahí siguen las tasas de pobreza y de desempleo próximas al 30 por ciento. También los datos de fracaso escolar y el estado de la sanidad pública, las listas de espera, la atención a los dependientes, el escaso desarrollo industrial o de implantación de energías renovables…

@cecastroramos

 

 

 

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