FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

Muerte digna. Por Juan Miguel Munguía

Definir «muerte digna» no es tarea fácil. No cabe duda de que para la mayoría de los seres humanos morir es un proceso dramático, quizás ahora más que nunca, donde el consenso ético y jurídico básico en torno a algunos de los contenidos y derechos del ideal de la buena muerte se asegure de manera efectiva la dignidad en el proceso de morir que cualquier paciente tiene. Por eso, es deseable un esfuerzo de concreción y armonización legislativa que desarrolle los derechos de las personas atendidas y del personal responsable de su atención en esta etapa y que determine los deberes y las obligaciones de dichos profesionales en este proceso; en definitiva, un impulso encaminado a proteger el ideal de la buena muerte.

Recientemente la prensa nos ha expuesto el caso de Andrea Lago, una niña gallega de 12 años que tiene una rara enfermedad degenerativa. Su destino se encontraba dividido entre la decisión de sus padres exigiendo al Hospital de Santiago que la desconectaran del soporte vital y acabar con su sufrimiento, y la postura de la dirección del centro sanitario, de continuar con el esfuerzo terapéutico y mantenerla con vida.

Por muerte digna o conocida también como ortotanasia se entiende el derecho de todo paciente que padece una enfermedad irreversible e incurable y en un estado de salud terminal, decidir y manifestar su deseo de rechazar procedimientos médicos terapéuticos, ya sean: quirúrgicos, de hidratación, de alimentación y hasta de reanimación artificial, que solo generan al paciente aún más dolor y padecimiento. Entonces, la muerte digna, también conocida como ortotanasia, que le da un encuadre legal a la decisión de pacientes o de familiares de ponerle punto final a la vida cuando el estado de salud se presenta como incurable y el vía libre a los médicos para que procedan en función de esta decisión.

La diferencia con la eutanasia es en la muerte digna no se propone de modo deliberado el adelantamiento de la muerte del paciente con inhibidores respiratorios o cardiovasculares en cuestión.

El pasado mes de julio, el Parlamento gallego aprobó por unanimidad una ley de derechos para enfermos terminales sin eutanasia. Con ella, en teoría se asegura que el paciente tenga garantizados unos cuidados paliativos y el uso de la sedación si la finalidad es aliviar el sufrimiento. En el propio preámbulo se contenía “dotar a todas y a todos los profesionales sanitarios del apoyo, la información y las herramientas necesarias para asumir su papel con seguridad y reducir la conflictividad en una situación dolorosa y compleja como es la del final de la vida. Constituye una obligación ineludible con ellos y un compromiso decidido con la ciudadanía”.

En España la actual Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica de autonomía del paciente contiene las suficientes garantías y cuidados paliativos para que los pacientes no sufran encarnizamientos terapéuticos ni dolores cuando la enfermedad resulta incurable e irreversible.

Hoy en día la mayoría de la población entiende por buena muerte la que ocurre sin sufrimiento, sintiéndose persona hasta el final, rodeada de sus seres queridos y, de ser posible, en su hogar. El caso de Andrea, sin embargo, no ha tenido una solución sencilla. Los pediatras del Hospital Clínico de Santiago no querían acceder a los deseos de los padres para que retiraran la alimentación de la niña, y un juez ha tenido que intervenir para que le fuese suspendido el soporte vital. Recordando un caso parecido, como el de Inmaculada Echevarría que en el año 2007 le retiraron el respirador artificial tras 10 años viviendo gracias a la máquina, sin poder salir del hospital. Este hecho ha conducido a que varias autonomías promulgasen una ley de muerte digna, con el fin de mejorar la calidad de vida de todos los pacientes que se encuentren en situación terminal, así como de las personas a ellos vinculadas.

 

munguia@munguiaabogados.com

 

 

 

 

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