FIRMAS Juan Velarde

De tal Guillermo Guigou, tal astilla: Nacho Guigou. Por Juan Velarde

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Dice el refrán que de tal palo, tal astilla y cuando nos referimos al clan de los Guigou, el dicho se hace más real que nunca. Nada más positivo puedo añadir del ilustre doctor don Guillermo Guigou, un crack donde los haya, alguien siempre dispuesto a echar una mano a quien sea y en donde sea, un especialista en lo suyo, en la medicina, y que también brilló en la política. Cuando se dice que el político está para servir y que tiene que demostrar vocación de servicio público, Guillermo no sólo lo prometía, lo cumplía al cien por cien (y al 500 por 100 también). Seguro que pocos concejales que han pasado a lo largo de las últimas décadas por el Consistorio de Santa Cruz de Tenerife han demostrado tal pasión y tal entrega hacia sus ciudadanos.

Lo excelente que siempre ha tenido este entrañable doctor es que nunca ha perdido la cabeza, sabe perfectamente qué hacer en cada momento y eso se lo ha sabido transmitir perfectamente a sus hijos, unos máquinas también en todo aquello que se propongan, desde seguir los pasos profesionales de su padre hasta brillar en la cancha de juego o perseguir el sueño de ser acreedores a unas estrellas Michelín.

En concreto quiero referirme a como todo un futuro campeón internacional en el deporte de la canasta como podía haber sido Nacho Guigou decidió, en un momento determinado de su vida, no sólo pedir un tiempo muerto en una brillante carrera como jugador profesional, sino directamente dar por terminado ese ‘partido’ y centrarse en la carrera de Medicina…¡con sólo 21 años!

Está claro que la madurez de este chaval, que ahora ya tiene 24, es digna de encomio. Con la edad a la que deja el baloncesto por los estudios universitarios, cualquier joven de nuestro entorno se hubiese llevado las manos a la cabeza. Nacho tenía ante sí todas las cualidades para triunfar e incluso llegó a debutar en la Liga ACB con el Fuenlabrada. Ha sido coetáneo, por ejemplo, de todo un campeón de Europa como Mirotic, pero observó, no sin faltarle razón, que el baloncesto se puso tan sumamente competitivo y que quizá el sueño de una fama efímera no le compensaba, que optó por cortar su carrera deportiva en plenos brotes verdes para madurar su periplo como profesional de la Medicina.

Cuando ves ejemplos como éste, sinceramente, albergas esperanzas de que las nuevas generaciones tienen algo que ofrecer de verdad a este nuestro país, que son jóvenes que no se dejan deslumbrar por la fascinación de un dinero fácil, de la fama de ser deportistas de élite. Nacho Guigou, estoy convencido de ello, podría haber ganado mucha pasta en poco tiempo, pero tampoco nadie le aseguraba que una lesión traicionera le cercenara un camino de rosas o que diese a lo largo de su trayectoria con un técnico que no le comprendiera. Ha abogado por una decisión sabia, a la par que difícil, y, en poco tiempo, habremos ganado un puntal más al mundo de una medicina española que no está sobrada, precisamente, de eminencias. Nacho, como su padre, será todo un crack. Y si no, al tiempo.

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