FIRMAS

La fábula del panadero, el vigilante y Matt Damon. Por Manuel Herrador

Érase una vez una ciudad muy lejana, capital de una isla preciosa, surgida entre los mares, agraciada con una bellísima naturaleza, con un cielo azul infinito y con una luz brillante e intensa.

Cuentan que un domingo, muy temprano, una preciosa niña de doce años de edad, acompañaba a su papá a comprar el pan y unos dulces para desayunar. Aparcaron el coche y ya, mientras ambos guardaban el turno dentro de la panadería, la niña preguntó a su padre:

-Papá, ¿cómo es posible que ya esté hecho todo ese pan si es muy temprano y no ha dado tiempo? ¿Es que lo hizo ayer?

-¡Jajaja!, mira pequeña, ese señor que está ahí detrás, lleno de harina por todo el cuerpo, es el obrador, el panadero, lleva desde primeras horas de la madrugada de hoy fabricando pan y repostería. Él, a lo largo de la noche, mientras tú y yo dormimos en casa, está trabajando para que ahora nosotros podamos disfrutar de este manjar, calentito, recién hecho.

La niña quedó ensimismada observando los movimientos de aquel panadero que regalaba sus noches para que, ella y su familia, pudieran comer al día siguiente un pan fresco, tierno y calentito. Más tarde, juntos, de la mano, iniciaron su camino de regreso. Al llegar al aparcamiento se les acercó un joven apuesto, de unos veinticinco años, que dirigiéndose a ellos dijo:

-Buenos días, caballero, ¡qué niña más bonita tiene usted! Le he estado vigilando el coche y también le he limpiado un poco los cristales, tenían un poco de polvo…

-¡Ah, qué bien, muchas gracias! ¡Toma, una propinilla, y que tengas un feliz domingo!

La niña, que no perdía detalle, le preguntó a su padre que por qué le había dado dinero y él le contestó:

-Pues porque es un chico muy educado y muy preparado; lo conozco de la universidad, fue alumno mío durante dos años y ahora ya es graduado en periodismo, lo que ocurre es que no es un buen momento para encontrar trabajo y está sin empleo pero, a pesar de haber demostrado su valía y compromiso con su vocación profesional, tiene que ganarse unas monedas vigilando coches para poder pagar algunos gastos. Aunque estoy seguro que algún día lo veremos trabajando en un importante medio de comunicación, ¡verás que sí!

La dulce niña prestaba mucha atención a lo que le estaba contando su padre cuando, de pronto, se encontraron con la calle cortada por la policía y con decenas de personas vitoreando el nombre de alguien que se acercaba, tras unas vallas separadoras, a toda esa multitud para saludarla y ser protagonista de alguna que otra foto fugaz. Los responsables de la seguridad impedían que se le pudiera tocar, era imposible acercarse a él, la excitación popular crecía y las fuerzas de seguridad tuvieron que llevarse al aclamado individuo. Claro, la niña preguntó a su papá:

-¿Qué pasa papá, por qué la gente grita, y por qué ese señor está detrás de una valla?

-Mira hija, ese hombre es un gran actor, se llama Matt Damon, es muy famoso, y es el protagonista de una película que se está grabando en nuestra ciudad. La gente le quiere y le admira, y por eso se forma este alboroto.

-Pero papi, ¿y es que nuestro panadero y tu antiguo alumno no se merecen también que le demostremos nuestra agradecimiento por todo lo que hacen cada día?

-¡Jajaja!, ¡ay, pequeñita, claro que sí! Igual que hacemos con este actor, deberíamos mostrar toda nuestra admiración a las personas que, como nuestro panadero y mi alumno, están comprometidas con sus vecinos, con la sociedad y con ellos mismos, con su propia vocación.

-¿Y cómo podemos hacer eso, papi?

-¡Muy fácil, cariño!, tan solo tienes que mostrarles su cariño y agradecimiento cuando te cruces con ellos, saludándoles con educación y simpatía, intercambiando unas palabras cariñosas con ellos, diciéndole al panadero que estaba riquísimo el pan que te comiste o comentándole al vigilante que ahora sí que estaban bien limpios los cristales del coche.

-¡Qué fácil es papi!

-No solo hay que asombrarse por los famosos que salen en la televisión, la radio, la prensa o el cine, todos tenemos un papel importante en la sociedad, aunque no estemos tras la valla de la popularidad, y entre nosotros debemos valorarlo y agradecerlo.

-¡Así lo haré, papi!

Y desde entonces, dicen que en esa bella y lejana ciudad de entre los mares, cuando la abandonó el gran actor Matt Damon, daba gusto ir por sus calles e ir escuchando las alegres voces de sus gentes intercambiándose saludos y piropos, abrazos y besos, felicitaciones y agradecimientos, sonrisas y buenos deseos. ¡Sin vallas!

 

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