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Los custodios de la Virgen, una novela de Carlos Felipe Martell. Por Eduardo García Rojas

Los enanos se acercaron desde ambos lados del túnel. Laureano, al verlos, respiró aliviado y sonrió. La luz de la boca, parcialmente tapada por Isidro, se esparcía sobre ellos para testificar su absurda presencia. La visión a través de la cortine de agua les otorgaba un aire de aterradora incoherencia. Era el mismo disfraz de la Bajada de la Virgen. Eso era lo de menos, claro. Lo escalofriante en sí era la reproducción de la pesadilla; esta visita, de ser real y no una alucinación, implicaba que el sueño recurrente del profesor era algo más que eso. Se trataba de una premonición, de algo que ocurría en su vida…, quizá en el momento de su muerte. La aparición no se producía en el callejón de A. Cabrera Pinto, ese detalle era la parte engañosa que adorna todo sueño. Ocurría en Marcos y Cordero.”

(Los custodios de la Virgen, Carlos Felipe Martell. Nova Casa Editorial, 2015)

Entre los revulsivos que se están produciendo en las letras canarias en los últimos tiempos destaca que sus autores, los escritores sean aprendices o veteranos, sean nacidos o residentes, ya no le tienen miedo a los géneros ni a su espacio –entiéndase la isla–.

Esta dedicación, pese a que irrite a algunos miopes, ha logrado prender el interés en los lectores. Lectores que van más allá de amigos y conocidos para trascender en la mayoría  de los casos las fronteras y que su nombre suene en territorios tan lejanos, para los que vivimos en este archipiélago lejano de por sí, como son los peninsulares.

Paralelamente, y pese a la elogiable labor que están desarrollando las editoriales canarias, algunos de estos narradores han conseguido que sus libros sean publicados por sellos nacionales, lo que amplía una mayor repercusión en el mercado y en algunos, incluso, el reconocimiento en forma de premios y fichajes por editoriales consolidadas ya que cuentan con un más que respetable catálogo.

En este universo se sitúa Carlos Felipe Martell quien con solo tres novelas hasta la fecha –Los privilegiados del azar, El asesino del rap y ahora Los custodios de la Virgen–  abre nuevas puertas al thriller a través de unas historias en las que además de jugar matemáticamente con las tramas, va más lejos al preocuparse por la consistencia y credibilidad de sus personajes.

La novela de suspense y de intriga ha encontrado en Carlos Felipe Martell una voz que aporta originalidad y una –en ocasiones– rompedora y audaz manera de entender un género que ha sido capaz de personalizar sin renunciar a uno de sus presupuestos fundamentales como es el entretenimiento.

Ahora, en Los custodios de la Virgen propone una apasionante vuelta de tuerca y una atractiva mezcla en la que fusiona elementos de la historia –unas cuarenta páginas de esta novela que supera las trescientas están dedicadas a fabular sobre la conquista de La Palma y en ella interviene, entre otros personajes reales, Alonso Fernández de Lugo–  al romance y al suspense con la creación de una organización secreta (no discreta) cuyos miembros vigilan celosamente a la patrona de esta isla casi desde la noche de los tiempos para explicar –literariamente claro está– de dónde nace el origen de la Imagen y de las famosas y populares Fiestas Lustrales.

Mientras, Carlos Felipe Martell describe con pulso el aparato que rodea a esta celebración, lo que incluye la música y los populares enanos, entre otros, durante esos días en los que se da la mano lo lúdico y lo sagrado.

Ordenada en diecisiete capítulos, que a su vez están ordenados cronológicamente, la acción y la fantasía son elementos recurrentes en un libro que a medida que se avanza en su lectura va en sentido ascendente. Si se conoce otras obras del autor, como Los privilegiados del azar, se comprobará además que algunos de los personajes de aquella novela regresan en ésta, lo que da una idea más o menos aproximada del universo narrativo que pretende elaborar Carlos Felipe Martell, una literatura en las que existen vasos comunicantes, pero obras que deja se lean de manera independiente.

La acción se desarrolla en esta ocasión en La Palma, y en concreto Santa Cruz de La Palma, isla y capital que son otro de los grandes protagonistas de la novela y geografía y ambiente en el que se mueve con comodidad el escritor. Escritor que se mueve también con comodidad en la creación de personajes y en la descripción de atmósferas, sean luminosas o tenebrosas.

Los custodios de la Virgen sorprende y, lo que es mejor, entretiene si se trituran prejuicios y se deja arrastrar por la aventura y quiere averiguar el secreto. Un secreto que va más allá de los enanos –que en la novela se pincelan como amenaza sombría y terrorífica– y que se incorpora al imaginario de una isla, como es La Palma, tan celosa en respetar sus arcanas tradiciones.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

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