FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Temblor de piernas. Por Francisco Pomares

La democracia parlamentaria es como un buen argumento: si no se usa no sirve de nada. Si se usa en exceso, cansa. Los griegos vuelven a ser convocados ante las urnas por tercera vez en menos de un año. En esta ocasión, porque Tsipras no tiene el apoyo de una parte de la coalición que lo llevó al poder, y ha tenido que gobernar en las últimas semanas con el apoyo de la oposición. La aprobación del rescate se produjo gracias a los votos de Nueva Democracia y los socialistas, y con el voto en contra de sus socios ultranacionalistas y de una parte importante de su partido, que ayer anunció que concurrirá a las elecciones por su cuenta con una candidatura izquierdista alternativa. La coalición Syriza pierde efectivos, pero todo hace indicar que Tsipras cree que le resultará más fácil gobernar sin ellos después de las elecciones. Las convoca por eso, no porque quiera someterse a un nuevo plebiscito para no cumplirlo después, como ya hizo en el referéndum sobre el rescate.

Tsipras ha descubierto en sus pocos meses de gobierno dos cosas importantísimas para poder gobernar: la primera es que la realidad es muy tozuda, y no basta con tener la intención de cambiar las cosas para que las cosas cambien. La economía griega no ha hecho sino retroceder desde que Syriza ganó las elecciones. En la semana transcurrida entre la convocatoria de referéndum a su celebración, los bancos griegos perdieron la mitad de lo que les quedaba, y hubo que montarles un corralito para evitar tener que cerrarlos definitivamente. Tsipras convocó un referéndum y lo ganó, pero tuvo que hacer luego justo lo contrario de lo que refrendaron sus ciudadanos. Porque la realidad no la cambian ni los referéndums ni los discursos. La segunda cosa que ha descubierto Tsipras en estos días es que gobernar en tiempos de dificultad requiere el apoyo de equipos cohesionados y con las ideas muy definidas. Aprobó el tercer rescate con los votos de quienes ayer él mismo denunciaba como vendidos a Europa, y con la tercera parte de sus propios socios en contra. Ahora convoca elecciones precisamente para librarse de esos socios izquierdistas. Veremos cómo le sale.

En España, la dimisión de Tsipras ha provocado un comentario tan encantador como pánfilo de Teresa Rodríguez, jefa de Podemos en Andalucía. Ha dicho la señora que le «aterroriza el temblor de piernas de Tsipras». Entiendo que en Podemos acongoje lo que está pasando en Grecia, pero me resulta inexplicable que Teresa Rodríguez insista precisamente en la receta que ha hecho que a Tsipras le tiemblen las piernas. Porque doña Teresa se mantiene en la idea -rechazada por la mayoría de Podemos- de la unión electoral de todas las fuerzas de izquierda en una gran coalición. Ha sido precisamente ese formato unitario el que ha forzado la dimisión de Tsipras. Porque no basta con poner de acuerdo a toda la izquierda a la izquierda del PSOE en una lista electoral. Hay que tener un programa común para que esa lista no se rompa unos meses después como ha ocurrido en Grecia. La realidad es muy tozuda: gobernar es más difícil que ganar elecciones.

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