FIRMAS

Eliminar al Sindicato. Por Ce Castro

El actor norteamericano Tom Cruise ha vuelto a las andadas este verano estrenando una nueva entrega de su «Misión imposible» y, una vez más, nada se ha dejado al azar, ni siquiera el nombre de los malos. Debe afrontar, en esta ocasión, su tarea más quimérica: eliminar al Sindicato, una organización criminal secreta internacional. Si hiciésemos un «infantil» juego de asociación de ideas entre esta singular misión y la realidad parece que «el bueno de Tom» ya tendría el trabajo medio hecho ya que los sindicatos tradicionales no pasan por su mejor momento.

La situación sindical en España no es óptima y parece de complicada recomposición. Se estima que en el país había en 2010 una tasa de afiliación del 18,9 por ciento, lo que supondría algo más de 2,8 millones de personas sindicadas. Siempre según los datos del informe «La representación sindical en España» editado recientemente por la Fundación 1º de Mayo.

No hay indicadores que inviten a pensar que el escenario haya mejorado de forma significativa en estos últimos años. El escenario es tan complejo que en el periodo 2003-2010 cayó nueve puntos el porcentaje de trabajadores que conocía que había representación sindical en su empresa. Se pasó del 53 al 44 por ciento. Asimismo, la tasa de afiliación en el sector privado cayó al 15,1 por ciento y entre las mujeres se situó en un débil 16,8%. Pírricos números si tenemos en cuenta que en teoría las organizaciones sindicales nacen para defender y promover los intereses de la clase trabajadora.

Hay que recordar que nos movemos en un campo eminentemente dialéctico, ya que en el ámbito laboral se da una compleja confrontación de intereses entre patronal y empleados. No se trata de una lucha de buenos y malos, sólo de constatar que hay posiciones diferenciadas por razones obvias.

Siendo esto así habría que preguntarse acerca de la razón de las cifras. Es oportuno señalar que la devastadora crisis ha influido y mucho para acabar en este páramo en el que nos encontramos. La precarización del mercado de trabajo tampoco ayuda en nada a la participación sindical. Pero quizá haya también otras razones de carácter interno que las propias organizaciones sindicales deberían asumir y corregir cuanto antes. Entre ellas, la información y comunicación que se tiene con los asalariados y la opinión pública.

En ocasiones da la impresión de que los sindicatos se han olvidado de que son instituciones fundamentales en el modelo de Estado que nos hemos dado. Deben recordar que son imprescindibles y que, entre otras cuestiones, deben ser garantes de que haya una opinión pública crítica, ya que esto es base de la democracia. Deben, de igual forma, explicar con solvencia que no son una organización criminal cualquiera en una superproducción de Hollywood sino que su razón de ser es la defensa del Estado social. Además deben adaptarse a la nueva realidad global y la irrupción de las nuevas tecnologías. Aunque muchos problemas no hayan variado desde el siglo XIX, la sociedad y el escenario sí. La misión no debe ser imposible, ya que sólo con organizaciones sindicales comprometidas y patronales serias se podrá revertir el actual descalabro existente en nuestras relaciones de trabajo.

 

 

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario