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Panem et circenses. Por Ce Castro

«El calor dispara la venta de hielo y amenaza las existencias en España». «Parecer resacosa, la nueva moda en Japón». «Las fans de Bruce Springsteen se concentran en Peralejos de las Truchas». Tras leer estos titulares, podríamos deducir que son propios de un 28 de diciembre cualquiera o que el verano está haciendo más daño del esperado en las redacciones periodísticas del país. Pero no, estamos ante noticias reales que se han difundido con relativa relevancia en varios medios de comunicación.

Estas «noticias», que en otro tiempo ocuparían espacios de mero entretenimiento, han pasado a ser una constante principal en los medios de comunicación y a adquirir una importancia notable. Casi sin darnos cuenta se ha sustituido lo que importa por lo que impacta.

Este «delicado» fenómeno, completamente consolidado en la actualidad, se denomina «infoentretenimiento» y viene a ser aquel espacio dominado por los sucesos o hechos triviales, y que presentan las noticias serias con una visión frívola, uniforme y residual. La finalidad no es otra que «enganchar» al ciudadano y, por lo tanto, obtener altos rendimientos económicos sin apenas contrapartidas. Se trata pues del conocido «panem et circenses» que inventaron los romanos.

La anécdota es ahora la única protagonista, restando así poder a la información veraz y al análisis y la contextualización. La consecuencia directa de la generalización de esta práctica es la guillotina de la capacidad de contar con una opinión pública crítica y de calidad. Se cercena la posibilidad de que los ciudadanos estén «in-formados» y, por tanto, se limita su desarrollo cultural y educativo. La cuestión es muy seria; sobre todo en el ámbito político, ya que un ciudadano sabe al detalle cómo y dónde veranea el presidente del Gobierno, pero no tiene información alguna acerca de cuáles fueron las últimas decisiones que tomó el Consejo de Gobierno antes de tomarse unos días de asueto.

Quizá por esto, dos de cada tres españoles desconfía en las noticias a las que accede, según ha señalado recientemente el informe «Digital News Report 2015». Pero todo tiene solución, la investigación y la ética pueden ser un buen comienzo dejando a un lado la vil mercantilización. El negocio debe ser atender a las necesidades informativas, ya que todo tiene un valor, también el periodismo.

En este trasiego no se puede confundir al ciudadano, ya que lo estremecedor no siempre es sinónimo de mejor información. Sólo es impacto. También se debe combatir la «censura invisible», esa impuesta desde los distintos poderes y que promueve que no se hable de ciertos temas, que son trascendentales y sí tienen interés para la sociedad. El periodismo debe ocuparse de lo que importa, que para eso está. Lo otro es simplemente otra cosa.

@cecastroramos

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