FIRMAS Marisol Ayala

La bruja que inventó la cita previa. Por Marisol Ayala

Jamás me faltan periódicos, los del día e incluso los de hace semanas. Nunca los tiro hasta no haberlos devorado columna a columna. Algunos los guardo para releerlos. Los apiño en una caja de madera marrón y estrecha, de poco fondo, donde me ha dado por pensar que están los más interesantes, los que más cariño les tengo.

Hace dos semanas en medio de un zafarrancho doméstico subí la caja a un mueble para que los efectos de una tubería rota no se los llevaran por delante. Con tanto zangoloteo la caja se fue al suelo y los recortes saltaron por los aires. Con celeridad los recuperé para evitar que se enchumbaran; de pronto tropecé con un curioso titular: “Mariquita la curandera reparte números para atender a sus clientes”. Desbordada, pero con un matiz, “salvo casos de gravedad ese orden se respetará”. Lo leí y mientras sonreía pensé: “Esa jodía inventó la cita previa y sin enterarse”. Un lince.

En la página leo otro dato llamativo. “El hijo de la curandera también tiene poderes curativos”. Poderes curativos y una cara como un zapato. Mi compañero Rafa Avero hizo las fotos del trabajo que se había escapado de la caja. A los dos nos gustaban mucho esas historias porque eran tan disparatadas que siempre le sacábamos lascas y risas.

La mañana que fuimos a la consulta de la iluminada sin luces hicimos lo que hacíamos casi siempre, sentarnos entre el público y escuchar hasta identificarnos. Llegado ese momento siempre había revuelo porque a nadie le gusta que se sepa que a una loca que dice curarlo todo le regalen queso de bola, “le gusta mucho”, explicó una cliente; cabritos, coches que permanecían aparcados en su puerta, cherne, perfumes, jaboncillos, etc. Y la voluntad, claro.

Cuando Mariquita, incómoda con nuestra presencia, nos recibió en un despacho hortera reparamos en una estantería llena de quesos y una foto de Franco más grande que la curandera. Rafa y yo nos miramos: “Esa es la foto” nos dijimos sin abrir la boca. Pero nos equivocamos. La foto estrella estaba por llegar. De pronto entró su hijo disfrazado de enfermero. Nos quedamos estupefactos. El ignorante lucía en la bata celeste el logo del Insalud tratando de dar apariencia de normalidad a semejante estafa.

Fue la que se publicó al día siguiente. Horas después la policía se presentó en la consulta y les cerró el chiringuito.

El “equipo médico habitual” nos quiso matar, pero como ven no tuvo suerte.

marisolayala@hotmail.com

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