FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Asuntos privados. Por Francisco Pomares

La vicepresidenta Patricia Hernández dio a luz a un niño el pasado domingo, y parece que la nueva va a convertirse en una noticia de importancia política, a juzgar por el tratamiento informativo que el propio Gobierno le dio este lunes. Hasta hace no mucho, la vida privada de los políticos era asunto de ellos mismos, y los medios no le prestaban especial atención. Yo creo que era más razonable eso que esta feria jacarandosa en que se han convertido los «prime-time» televisivos, ocupados por programas cuya principal función es presentar como periodistas a indocumentados especialistas en deconstruir la farándula, y como canallas repugnantes a una enorme cuadra de tarados que cobran una pasta gansa por contarnos sus vergüenzas o -mejor aún- las de otros paisanos o paisanas con las que ellos tienen o tuvieron alguna intimidad. El formato de ese «periodismo verité», más propio de la casquería que del corazón, compite con la información tradicional y ha contagiado la información política hasta hacerla irreconocible.

Hoy esos programas tienen más influencia que los telediarios, que se limitan a contar lo que pasa, no a interpretarlo con el lenguaje feroz de Matamoros y Cía. Sostengo la hipótesis de que si el rey Juan Carlos abdicó, lo hizo más por el desgaste al que le sometieron esos programas tras el episodio africano con su presunta princesa alemana, que por los escándalos reales de corrupción que afectaron a la familia real. En la pelea por garantizar las audiencias, los programas políticos de debate que se hacen hoy imitan el formato de los «Sálvame», y se ocupan más de la cáscara de noticias baladíes que del fondo de las cuestiones importantes: vida familiar, relaciones, dinero, cruce de insultos y posibilidad de llegar a mandar o dejar de hacerlo, ocupan hoy a los comentaristas políticos más que la agenda política, el cumplimiento de los programas o los problemas a los que se enfrenta el país.

En fin, que no he entendido nunca que se le dé primer rango informativo a algo tan privado como es el nacimiento del hijo de un político, excepto si incluimos en la categoría en cuestión a los reyes, cuya principal obligación es garantizar la continuidad dinástica trayendo hijos al mundo. No veo aceptable el recurso periodístico a la vida privada de los padres (o madres) de la patria… No digo que uno no escuche comentarios de taberna, chismes palmeros y cotilleos sin cuento sobre quienes nos gobiernan, pero no creo que deban ser publicados. Pero el hecho es que contar las vicisitudes privadas de nuestros representantes se ha convertido en asunto de moda. Algo que asumen ya los medios, y que también está siendo alentado y explotado por los propios políticos. Me alegra que Patricia Hernández no haya tenido problemas con su alumbramiento. Pero no tengo ningún interés en conocer más detalles del asunto, ni que me cuenten si va a criar a su criatura con leche materna o pelargón. Son cuestiones privadas, y Patricia Hernández es la vicepresidenta del Gobierno, no una actriz o cantante. Su vida personal es asunto suyo, no nuestro.

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