FIRMAS

Un Quijote para el verano. Por Ce Castro

Hace unas semanas terminé de releerme «El Quijote», me apetecía revisitar –tal vez por los tiempos que corren- una historia en la que alguien sin intereses espurios no duda en encomendarse a las leyes de caballería y se lanza a la aventura para combatir gigantes y encantamientos varios con el simple objetivo de ayudar a los «menesterosos» del planeta.

Casi al mismo tiempo se hacía público un informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que desvelaba que el 41 por ciento de los españoles no ha leído absolutamente nada de la novela de Miguel de Cervantes y que sólo el 21,6 lo ha hecho de forma íntegra. Pero quizá lo más alarmante o llamativo sea que casi el 32 por ciento de quienes no la han leído se hayan justificado en que «no les gusta leer».

De este modo tenemos que, si nos atenemos a “Los hábitos de lectura y compra de libros en España en 2012”, documento elaborado por la Federación de gremios de editores, sólo el 57,1 por ciento de los canarios lee en su tiempo libre y el 41,7 compra libros alguna vez. Los residentes en el Archipiélago están ligeramente por debajo de la media nacional en estos ratios. Destacan igualmente los valores de quienes leen sólo por cuestiones profesionales. También ha caído la edición de obras, pasando de las más de 900 en 2008 a los 673 libros del año pasado.

Afortunadamente, los niveles de abandono temprano o fracaso escolar continúan descendiendo, pero revertir esta situación –de escaso interés por las letras- no es tarea sencilla y más con la atronadora fuerza de lo audiovisual, que se impone. Hay multitud de estudios que señalan, por ejemplo, que el porcentaje de usuarios de Internet que leen todo el contenido de una página web es «pírrico». Lo habitual es «escanear o barrer» los textos buscando palabras clave y no profundizar. Aquí, como en todo, influye de forma sustancial el nivel de alfabetización de la persona en cuestión. A los de menor nivel les costará más entender los contenidos y, por esta razón, deben ir palabra por palabra.

A esto se suma, una nueva dialéctica y, además, una nueva forma de relacionarse. Todo evoluciona vertiginosamente. Parece que el papel va dejando paso inexorablemente a las pantallas inteligentes. Lo que viene (o lo que ya ha llegado) no es ni mejor, ni peor; es otra forma de comunicarse. Pero hay que tener presente, que no se puede dejar a un lado la reflexión. Por muy rápido que parezcan ir los tiempos, hay que dejar espacios suficientes para poder pensar atenta y detenidamente. De lo contrario, mal vamos.

Quizá por eso siempre será bueno volver al Quijote para que, como a él, de vez en cuando se nos llene la fantasía «de todo aquello que leamos en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles»; y se nos asiente de tal modo en la imaginación que sea verdad «toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones» leídas, y que para nosotros «no haya otra historia más cierta en el mundo». Lo deberemos hacer, aunque el precio a pagar sea la locura.

@cecastroramos

 

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