FIRMAS Salvador García

Se apaga una señal radiofónica. Por Salvador García Llanos

Se apaga una señal en la radio. Hay motivos para estar tristes. Cada vez que cierra un medio -y hemos asistido a ese punto final de unos cuantos en los últimos años- un manto de preocupación y zozobra se extiende sin remisión: es la libertad de expresión la que sufre, es la oferta mediática la que se reduce, es la profesión la que se resiente, es el empleo el que pierde puestos…

Se apaga Teide Radio, al cabo de veinticinco años. Nacida al calor de Diario de Avisos, asistíamos a su alumbramiento, a las primeras emisiones. Incluso, hasta fragüamos planes profesionales. Participamos activamente en varios programas. Supimos de los proyectos de expansión y de los afanes de mejora de equipos e instalaciones. Quedan los desvelos de ejecutivos, de directores, de quienes tuvieron a su cargo la responsabilidad de la emisión, de estar en el aire en momentos adversos… Aunque quizá pudieron hacer más. Para estas cosas son indispensables la sensibilidad y la dedicación. Luego está la gestión, que tiene inevitables vaivenes, desde luego. La historia de Teide Radio es la de una subsistencia plagada de dificultades. Es una trayectoria con  altibajos, cierto. Nació para competir, quiso tener una fórmula propia y diferenciada: los profesionales que se incorporaron a la emisora, tanto los que se abrían paso como aquellos otros que gozaban de prestigio, hicieron cuanto pudieron para no desmerecer; por momentos, parece que lo conseguían, pero… no fueron suficientes los intentos ni los esfuerzos. Al cabo de un cuarto de siglo, no ha podido mantenerse. Lástima.

Teide Radio deja de emitir. Es natural que las voces de sus locutores, de sus redactores y de sus contertulios despidieran una tónica de tristeza.  Se quedan sin trabajo -lo peor- y sin poder continuar la vocación que llevan dentro. La radio ha sido la vida -literalmente- de muchos de ellos. Programas, coberturas, transmisiones, alardes… Hay quien dirá que se trata de una víctima más de la crisis y hay quien justificará otras políticas empresariales. Los indicativos de Teide Radio no volverán a escucharse, salvo resurgimiento poco probable. Echaremos de menos cierta frescura en el quehacer cotidiano, la que quería ser una seña de identidad en el espectro radiofónico. Ya no lo ocupa, desapareció.

Y es que cuando una emisora de radio se apaga, se pierde tanto. Gracias a cuantos la mantuvieron, con su empeño, con su cariño. Periodistas, locutores, técnicos, publicistas, operadores de control, colaboradores… La historia de la emisora, esa que se trabaja y evapora a diario, sin darnos cuenta apenas, es su historia.

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