FIRMAS Marisol Ayala

La dignidad de Sito Simancas. Texto leído durante su homenaje en La Gomera. Por Marisol Ayala

Mi nombre es Marisol Ayala y soy amiga de Sito Simancas y Periodista. Por ese orden.

Quiero que mis primeras palabras esta noche sean de gratitud al Ayuntamiento de Alajeró por invitarme a un acto de reconocimiento, de justicia y de lealtad hacia un personaje como Sito Simancas. Gracias a todos. Todo mi cariño a Sito, que ya debe estar emocionado. Yo lo estoy. Tan emocionada como indignada por una de esas barbaridades que cada vez se producen con más frecuencia en nuestras islas; el desprecio a lo nuestro -y no hablo de la TV Canaria, de La nuestra, no- hablo de gente que habiendo dado lo mejor de sí mismo en favor de los demás son vapuleadas por un gobierno insensible que un día, paradojas de la vida, le distingue con la Medalla de Canarias de la Comunicación por la maravillosa labor que ha llevado a cabo a lo largo de tantos años Sito desde su emisora Onda Tagoror y que semanas más tarde se la cierran.

Sito es uno de esos personajes que he buscado con ahínco en mi vida profesional, 30 años de periodismo social. Hablo de gente que tiene mucho que decir, las mismas que se atreven a dar las gracias cuando debiera ser al contrario. Gomero de nacimiento pero de vocación universal, su aspecto menudo encierra la fuerza del verdadero canario. Su voz, dulce y potente, trasciende las ondas guiada por la calidez de su gran humanidad. Tuve oportunidad de compartir su afecto su sencillez y humildad. Y me cautivó, me cautivó tanto que tras conocerle y conocer su emisora me hice seguidora suya.

Sito Simancas y Marisol Ayala minutos antes de dar comienzo el homenaje.

Sito Simancas y Marisol Ayala minutos 
antes de dar comienzo el homenaje.

Cuando hace unas semanas me invitaron a firmar un manifiesto para tratar de frenar el cierre de Onda Tagoror alguien propuso: “Diga por favor qué razones argumenta para estar en contra el cierre de la emisora”. Mi respuesta fue no contestar y en cambio pedir “que sea el gobierno de Canarias quienes nos explique sus razones para el cierre; nosotros tenemos claro que es una barbaridad, un atropello, que ellos argumenten lo contrario”.

Hace poco la escritora, periodista y sobrina de Sito, Alba Sabina dijo lo siguiente: “Quienes no conozcan a Sito ni hayan escuchado hablar de él, se preguntarán por qué, a los ochenta y dos años, recibe un premio un gomero afable y risueño que ha trabajado toda su vida, y que ahora, ya jubilado, vive con su mujer, una de sus hijas y dos de sus nietas, en Tecina. En realidad, sólo tendrían que buscar su nombre en Google, para leer cómo se formó en la radio, fue el primero en instalar antenas, tener una emisora, y llevar la televisión a La Gomera; cómo fue el que introdujo y divulgó el medio radiofónico entre los gomeros, para acabar siendo referente en la comunicación y las relaciones humanas en la isla colombina.

Hay que oponerse a ese cierre y a ese atropello; hay que plantarle cara a los que le faltan el respeto a nuestra gente. Sito lo disimula, pero imagino el dolor, la pena que debe estar viviendo nuestro amigo al ver su emisora sorda y muda.
Su radio, Radio Tagoror, ha sido la radio de todos y eso lo saben los gomeros y todos los que aman la isla, y también “Los Chinchorreros”, su club de fans, que va desde Indonesia hasta Venezuela siguiendo los pasos de su programa más emblemático, “El Chinchorro”, donde cual patio de vecinos, cualquiera puede entrar en directo, pedir una canción, saludar a un vecino o contar un cotilleo. De pronto, podemos también escuchar a un escritor hablando sobre su nuevo libro o a un grupo sobre un disco recién estrenado.

Sito y su señora en el escenario.

Sito y su señora en el escenario.

Les leo un texto que he publicado recientemente con motivo de ser nombrada Hija Predilecta de la Ciudad de Las Palmas de GG para que entiendan qué razones sentimentales me han animado a estar hoy aquí. Para personaje, Sito, para historia humana la de Sito, para generoso, Sito.
En el 2002 viajé a Venezuela y allí realice 12 reportajes a familias canarias que en los años 50 salieron de nuestras islas como emigrantes y que años después, viendo cómo estaba el país, añoraban su tierra pero sus fuertes raíces familiares les impedían volver. Fue la primera vez que conoció el alcance de la obra de Sito Simancas. Hago mía la siguiente frase: “Cuando entré a la emisora de Sito por primera vez y vi aquel desastre de sitio, lleno de cables enrollados por todos lados, pensé: este loco ama lo que hace».
Es cierto.

POR QUÉ ESTOY AQUÍ.

El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria me ha distinguido con el título de Hija Predilecta de la Ciudad en la que nací, crecí y he ejercido durante 30 años la profesión más hermosa del mundo, el periodismo, hoy igual de hermosa pero mal remunerada. La distinción destaca mi trayectoria con lo que se conoce como “periodismo social”, es decir, con un periodismo cercano, puerta a puerta, contando qué les pasa a los que tienen escasas posibilidades de hacerse hueco en la prensa. Los desfavorecidos. Siempre me interesó más lo que me contaba esa gente que lo que cacareaban los políticos. Mucho más. Tenían y tienen más crédito.

El periodismo social es una opción profesional al igual que Economía, Deportes, Política, Cultura, etc., pero no nos engañemos; ese periodismo del que estoy tan orgullosa ha sido escasamente valorado por quienes tienen la aspiración, legítima pero no compartida, de llegar a lujosos despachos. Los “sin techo”, los chabolistas, los enfermos, los ancianos, las miserias de la sociedad son feas y lo feo se oculta, se desprecia. Hay quienes consideran que ese periodismo, necesario antes y hoy aún más, es un género menor. De segunda. Que sepan que las grandes alegrías de mi vida profesional me las han dado gente que vive al límite, esos que agradecen con gestos conmovedores que le prestes la oreja. Los que son ninguneados, engañados. Estos días de emociones, reencuentros de voces y cariños he pensado qué razones me llevaron por ese “mal camino” periodístico y dos imágenes me han venido a la cabeza. Una, la de un grupo de enfermos renales que a finales de los 80 se manifestó en la puerta de un hospital canario. No podían ser dializados, no había medios. Se morían. Así era la cosa. Otra que siempre guardaré en mi corazón es el reportaje que le hice a unos chabolistas con 5 hijos en una playa recóndita del sur grancanario. Lo sacamos en primera página contando su vida, sus miserias, ratas y enfermedades. Les dieron una vivienda.

Poco tiempo después la familia llegó a LA PROVINCIA con un sobre. 70.000 pesetas. Venían a pagar “el favor”. Me los llevé a tomar café y les obligué a volver a casa. “Con ese dinero vayan y coman en un restaurante”, les dije. Lo hicieron.

En definitiva el periodismo que escucha a otra gente, en los que casi nadie repara.

A gente, a personajes como Sito Simancas.

Gracias, Sito por tu lección dignidad.

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