FIRMAS Juan Velarde

Carmena es Carrillo disfrazada de abuelita. Por Juan Velarde

Es la loba disfrazada de abuelita, es Carrillo travestido en entrañable ancianita, es, en definitiva, Manuela Carmena, la política que por fin se ha quitado la careta para mostrarnos su carota, una jeta muy dura y unas fauces dictatoriales al más puro estilo chavista-iraní. Esta individua, alcaldesa de Madrid por obra y gracia de Antonio Miguel Carmona, está dejando en paños menores a Chávez, Stalin o Fidel Castro. Es una liberticida con patas. Patea todo lo que encuentra a su alrededor, pero en especial la ha tomado ahora con la libertad de prensa.

Carmena ha pergeñado una especie de web que para sí la hubiese querido la Gestapo. Es la Webstapo, un sitio donde el Ayuntamiento de Madrid refutará noticias de otros medios y, especialmente, se dedicará a poner en el punto de mira a los periodistas que no son afines a la causa. Esto es en lo que piensa la primera edil de los madrileños, en perseguir a quienes hacen labor de controlar al gobierno local destapando todas sus chapucerías y chanchullos.

Esta señora lleva poco más de un mes en el Palacio de Cibeles y su mandato ha consistido, hasta la fecha, en la metodología de la ocurrencia. Se le pasaba una ideota por su cabeza y allí que la soltaba. Eso sí, era ver como el comentario generalizado era contrario a su propuesta y enseguida buscaba al tonto útil del concejal de turno para deshacerse del muerto como si nada hubiese pasado.

De verdad, Madrid no se merece tener a una sujeta de esta calaña al frente del Consistorio. ¿Qué podemos esperar de alguien que ni siquiera sabe llegar en transporte público a su puesto de trabajo? ¿Acaso es normal que alguien que aspira a ser la regidora de una ciudad no conozca cómo llegar al Consistorio? Parece una broma, pero no lo es.

A Carmena, al igual que a sus jefes de Podemos, lo que le encanta, lo que le pone realmente, es utilizar la institución para ideologizarla hasta el sectarismo más extremo. Fíjense que antes de entrar en la alcaldía denunciaba que había 25.000 niños malnutridos en Madrid y ahora, en cambio, su prioridad pasa por cambiar calles que aún rezuman aroma franquista. Y a los niños, por supuesto, que le vayan dando. Lo dicho, esta es Carrillo disfrazada de abuelita, pero una abuelita nada entrañable.

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