FIRMAS

El bar de Pepe. «No hay revolución sin sangre». Por Joaquín Hernández

Hace años, muchos años, allá por el año 1975, meses antes de la muerte del dictador Franco, me invitó Carmen María de Armas Trujillo ha subir al aeropuerto de Los Rodeos para recibir al misterioso “Isidoro”. Estaba estrenando mi flamante BMW 2002ti, verde tundra matricula TF0932 A y al llegar al aeropuerto me hizo señales que no lo aparcase cerca de la salida de pasajeros ya que era ostentoso y de lujo para una socialista de pro como ella. Camari que era su diminutivo y como le llamaban sus amigos y familiares era una mujer bellísima, siempre la comparé con una artista mexicana llamada María Félix, me llevaba como unos 20 años de edad y se declaraba socialista de toda la vida. Hija de una familia acomodada, su hermano Diego fue el mejor cardiólogo en España durante décadas, y su otro hermano un prestigioso ingeniero en la RKO en Texas, se había separado de aquella forma que se separaban los matrimonios antes de la dictacracia, o sea él se fue a Venezuela y nunca más se supo, eso si, la dejó con una hija y adiós muy buenas. Yo creo, una opinión muy mía que a Camari le importo 10 pepinos malayos y una docena de ajos de abisinios, la tocata y fuga de Mauricio, que era así como se llamaba el individuo, o sea le importó na de na. Fue siempre muy mujer y sacó adelante a su familia. La verdad, no se porque carajo les cuento este rollo intimo, pero creo que viene bien para reflejar que era una mujer de carácter.

Al aparecer por las escaleras de acceso a la terminal, Isidoro, que venía vestido a lo obrero de fabrica el día de Navidad, o sea traje de pana marrón y suéter cuello cisne, saludaba a diestro y siniestro a los más de 200 seguidores del Secretario General del Partido Socialista Obrero Español, Felipe González Márquez alias Isidoro. Aguardé que saliera la caravana de vehículos en dirección a Guamasa donde en un salón se iba a celebrar una comida homenaje a tan grato personaje, les voy a decir que la Brigada de Información Social, la famosa BIS estaba filmando con una súper 8 y tomando fotos de todo “kiski” rojillo, por lo que me pregunté cuanto tiempo tardaría mi padre en enterarse que su hijo Joaquín formaba parte de las cloacas del socialismo tinerfeño. Los socialistas que yo conocí eran verdaderos luchadores de la España democrática, gente que desde sus trabajos arriesgándose al máximo te hablaban de algo que muy pocos habíamos tenido el placer de conocer: La DEMOCRACIA. ¡¡que palabra más importante y grandiosa… la democracia!! Aun se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo las arengas de “Isidoro” hablándonos del futuro tan hermoso que nos esperaba a los españoles tras la muerte del dictador. Habló de los tres poderes en que se fundamentaba una verdadera democracia, habló de Montesquiu y su formula magistral para una España verdaderamente grande y libre. De al separación de poderes, del pueblo soberano y la política partidista donde cabían todas las ideas e ideologías incluyendo, como no, a la Falange Española o a las JONs, “Isidoro” nos habló largo y tendido pero jamás lo hizo con rencilla ni odio, nunca se refirió a la guerra civil española, nombró a Franco, siempre lo hizo del “dictador”. En definitiva a mi me dio la impresión que Felipe González traía de antemano aprobado el discurso, de hecho la policía armada y sus compañeros de la BIS se le veía muy relajados e incluso alguno de los grises aplaudió en algún un momento del discurso del letrado sevillano.

Felipe convencía a la multitud, Felipe tenía tirón, mucho más que Adolfo Suarez. Era como un encantador de serpientes y todos a su alrededor esperando oírle lo que ellos querían que les dijera: Salud, educación, trabajo, vivienda y paz. Esas cuatro palabras las repetía constantemente en cada mitin, en cada reunión con los sectores sociales con los sindicatos y empresarios era el mismo discurso el de la concordia.

El cambio producido por Felipe González alias Isidoro ha sido brutal, ya no convence a nadie y su pobre discurso dirigido a los poderosos, a los ricos, no dice nada de aquel personaje que conocí allá por los años 75 en una tarde lluviosa y con niebla en Tenerife norte.

Ahora la realidad de aquel sueño se ha convertido en más de lo mismo, salimos de una dictadura y hemos entrado en una dictacracia (que no es otra cosa que una dictadura disfrazada en democracia) donde el Psoe ha entrado en la dinámica poltronera y se conforma con el bipartidismo con el PP, o sea quítate tu que me pongo yo que ahora me toca y cuando se ven incomodos porque sienten el aliento en sus cogotes de PODEMOS quieren sentarse para crear un “pacto de Estado” que no “desestabilice el país”.

Pasados los años me encontré con Camari y le recordé aquellos tiempos difíciles donde ejercer de socialista era toda una odisea peligrosa, ella como siempre de forma clara y rotunda me contestó: “Joaquín, no te olvides nunca de lo que te voy a decir; lo que se ha hecho en España no ha servido para nada, sólo par recuperar del baúl de los recuerdos la bandera de la libertad y luego pisotearla y quemarla por el capital. Todo tiene su precio y el precio para que los españoles tengamos una democracia real donde el pueblo sea soberano de su destino era, es y será la sangre, el sudor y las lagrimas. No hay revolución que se precie sin sangre obrera”.

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