FIRMAS Juan Velarde

Lo del orgullo gay me toca los huevos. Por Juan Velarde

Estoy hasta los mismísimos huevos del carnaval que año tras año se organiza por estas fechas en el madrileño barrio de Chueca. A mí la sexualidad de cada persona me importa un pimiento. En pleno siglo XXI no nos vamos a alarmar porque haya heterosexuales, gays, lesbianas o transexuales, pero lo que me revienta las pelotas de manera significativa es que del dinero de los contribuyentes se deriven unas cantidades para montar la fiesta del orgullo gay. ¿Y los heterosexuales no tenemos derecho a sentirnos orgullosos también? No, si al final habrá que comprar el famoso eslogan de Intereconomía: 364 días de la gente normal.Además, otra cosa que me resulta sumamente curiosa de estos tan progres que hablan de que no hay que hacer discriminaciones, que todos somos iguales y que nadie es más que nadie. Entonces, ¿a qué viene montar esta charanga del orgullo gay? Viéndolo fríamente, es una forma de sentirse diferente y además esforzarse en el empeño de mostrárselo al mundo entero con escenas que, en algunos casos, podrían ahorrarse en el nombre del decoro, el respeto y el buen gusto.

También es de coña que estos mismos que exigen respeto a su tendencia sexual son los mismos que no guardan el más mínimo por la Iglesia, haciendo burla constante y sonante contra los obispos y las monjas. ¿En qué quedamos? Si se quiere abogar por la integración, hagámoslo desde todas las vertientes, no sólo desde la que a estos miembros del lobby gay les conviene.

Seguramente más de uno me llame carca y retrógrado, pero, de verdad, ¿es necesario que salga el señor Juan Antonio Alcalá a proclamar a los cuatro vientos que es homosexual? ¿Le han hecho algún reportaje a los miles de periodistas que pueden ser heterosexuales? Encima, en el caso del señor Alcalá se da la circunstancia de que vuelve a meterse en otro charco: primero lo del dopaje, luego lo de la compra de partidos y ahora viendo conspiraciones para evitar que deportistas de élite salgan del armario. De verdad, es de coña marinera.

Conozco a gays y lesbianas que esta fiesta del orgullo no sólo es que se la traiga al pairo, sino que están hasta los mismísimos de que se les encasille como unas locazas. Que Jorge Javier Vázquez quiera hacer el indio año tras año en esa cabalgata de Chueca es su problema, pero él no puede convertirse en el modelo de los homosexuales del mundo mundial. Ahí tienen ustedes al juez Marlaska, muy gay él, pero jamás ha dado un escándalo o se ha dado el lote en público con su pareja. Maneras de vivir.

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