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¿Quién es el español que trabaja para Steven Meisel y Mikael Jansson? Por Armando Pinedo

Emilio García tiene todas las papeletas para llegar a ser un gran fotógrafo: es profesional, tiene talento, es sensato, no tiene prisa, ilumina como pocos en todo el mundo, vive en Nueva York y su agenda de contactos se nutre de primeros espadas. Steven Meisel o Mikael Jansson son algunos de los fotógrafos que le reclaman como asistente. Sus trabajos para la edición americana de Vogue o campañas internacionales para Estée Lauder y H&M lo ratifican. No hay que perderle la pista.

emilioghernandez

Aún recuerdo las horas hablando con él sobre Nueva York en los tiempos muertos durante las decenas de producciones de belleza y moda que hicimos juntos. Emilio García Hernández logró su sueño, el mismo que entre foto y foto me contaba con el mismo entusiasmo con el que movía magistralmente los focos siguiendo las instrucciones del fotógrafo español Antonio Terrón, de quién era asistente, para proyectar el efecto creado por el maquillador y peluquero Moncho Moreno. Con los tres tuve la inmensa suerte de trabajar y aprender muchísimo. Hoy nuestros caminos siguen rumbos diferentes, pero ver la proyección internacional de Emilio junto a nombres como Bruce Weber, Steven Meisel o Mikael Jansson me llena de satisfacción y emoción. Le pedí una charla sobre su carrera, sus últimos trabajos, su recuerdo de aquel primer shooting con Steven Meisel,  Karlie Kloss y John Galliano, sus portadas para la edición americana de Vogue… Y aquí está el resultado.

Alexander Wang para H&M, firmada por Mikael Jansson y Emilio García.

¿Por qué y cuándo decides enfocar tu futuro a la fotografía?

“Lo cierto es que siempre tuve muy claro que me dedicaría al mundo de la imagen. Mi madre trabajaba en una agencia de publicidad, así que desde pequeño he estado rodeado de revistas o viendo anuncios. Luego estudié Comunicación Audiovisual y empecé a realizar vídeos, grabaciones de making of… A partir de ahí decidí que quería estudiar más sobre fotografía y comencé a trabajar como asistente en los antiguos estudios Ciclorama, en Madrid. Es curioso que empezara mi carrera de la forma contraria a lo que está ocurriendo ahora, cuando muchos fotógrafos empiezan a realizar vídeos…”.

Nos conocimos trabajando con un gran amigo y profesional, Antonio Terrón. ¿Cómo ha marcado tu futuro todo lo que aprendiste con él?

 ”Sí, guardo muy buenos recuerdos. Creo que tuve muchísima suerte de trabajar con Antonio Terrón porque gracias a esa experiencia aprendí muchísimo de iluminación. Además, a diferencia de cómo se trabaja en Nueva York, con Antonio Terrón éramos solo él y yo, así que teníamos que ser muy espabilados para aprovechar al máximo nuestros recursos. Fue algo después de llegar a Nueva York cuando me di cuenta de que gracias a mi experiencia anterior tenía muy claras las reglas básicas de la iluminación, y eso me ayudó mucho a la hora de trabajar con esquemas más complejos”.

¿Pero cuándo decidiste mudarte a Nueva York?

“No fue algo que surgiese de la noche a la mañana; ya había estado aquí coincidiendo con el 11 de Septiembre, ¡nada menos! Es una ciudad que me dejó muy marcado. Siempre había querido vivir aquí porque me encanta su energía, sus mezclas, sus rarezas. Sentía que en España no iba a ser capaz de realizar mis aspiraciones profesionales y que el paso lógico era marcharme a Nueva York”.

Parece fácil decirlo, pero irse a trabajar a Nueva York en una industria tan cercada por los grandes contactos no es una tarea sencilla..

“Es que no fue nada sencillo. Me vine sin tener contactos en el mundo de la fotografía, así que al principio tuve que ir a reuniones, llevar currículos de puerta en puerta, etc. También se unió el hecho de llegar a un país nuevo, tener que instalarte por completo, buscar apartamento (cambié 3 veces durante el primer año), hacer nuevas amistades… ¡¡Mucho esfuerzo, sin duda!!”.

Y poder tener plaza en el equipo de profesionales como Bruce Weber o Steven Meisel no es algo habitual en un joven que aterriza a buscarse la vida en Nueva York…

Empecé a trabajar con otros fotógrafos menos conocidos y enseguida empezaron a recomendarme a productores. La forma de llegar arriba es a través de recomendaciones, luego algunos quieren reunirse contigo antes, a lo mejor te prueban en algún trabajo más pequeño o te llevan de ‘extra’ para ver cómo trabajas. Yo tuve la suerte de que mi amigo Pato me recomendó al equipo de Bruce Weber y coincidíó que necesitaban un asistente con experiencia en Nueva York, aunque para un trabajo en España. Yo estaba de visita veraniega en Madrid, me pidieron mis referencias de trabajos que había realizado en Estados Unidos y comprobaron que había colaborado con otros asistentes y fotógrafos que ellos conocían, así que me dieron la oportunidad de unirme a su equipo. Les gusté y volvieron a llamarme varias veces a nuestro regreso a Nueva York. En esa época ya estaba en reuniones con Steven Meisel y otros fotógrafos de esa talla, así que fue todo bastante rápido. Luego, una vez que estás vinculado a ese ambiente, lo normal es que, si lo haces bien y trabajas duro, camines rápido hacia arriba”.

¿Recuerdas tu primer shooting con ellos?

“Bueno, el primer shooting que de verdad me impresionó fue con Steven Meisel. Era la campaña de Dior con la modelo Karlie Kloss en la que se recreó una calle de París. John Galliano aún era director artístico de la marca y fue muy interesante ver cómo trabajaba todo el mundo para lograr esas imágenes. Me llamó muchísimo la atención el ‘tamaño’ de todo. Era a lo grande. El estudio muy grande, el equipo involucrado muy numeroso… También me impactó el ritmo que se marcaba, la energía que se creaba en el set y el grado de perfección que se buscaba en cada imagen. Ahí fue donde me di cuenta de verdad de las diferencias entre trabajar en Nueva York a ese nivel y el resto de shoots en los que había estado“.

Campaña de Karlie Kloss para Dior, primer shooting de Emilio García junto al fotógrafo Steven Meisel.

Tu trayectoria ha sido muy ascendente y no paras de trabajar, ¿hubo momentos en los que pensaste en tirar la toalla ante tanta pelea por ir subir peldaños?

“No, la verdad es que no. Cuando llegué a Nueva York me planteé hacer balance cada seis meses para ver hacia dónde iba y si estaba en la dirección que quería y, sobre todo, si era feliz haciéndolo. Con Bruce Weber tuve la oportunidad de trabajar cuando aún no llevaba mucho tiempo establecido aquí y al poco tiempo ya estaba trabajando con Steven Meisel. Todo eso te va animando a continuar y a luchar. Lo cierto es que cada vez que hago balance veo que las cosas van a mejor y que me siento más cómodo“.

¿Y por qué la fotografía de moda?

“Es lo que siempre me ha gustado y no me sentía cómodo haciendo otro tipo de fotografía. Esa es otra cosa que aprendes aquí, a especializarte. Si eres fotógrafo de moda es a eso a lo que te dedicas y en lo que te especializas, si eres fotoperiodista, pues en ello, y si haces de fotógrafo de bodas, pues lo mismo. Sea lo que sea, se respeta mucho y se entiende que eres fotógrafo profesional de un campo y no de todos. También, al nivel de exigencia de aquí es lo lógico, sería imposible poder hacer fotografía de moda, de decoración, etc.”.

¿Crees que la fortaleza de las redes sociales está modificando la forma de trabajar de los grandes fotógrafos? No sé si en vuestras reuniones previas a una sesión os sentís condicionados por ellas para elaborar una historia…

“Está claro que todo está cambiando, pero no sólo en el sector de la fotografía, también a en el mundo editorial, cultural, musical,…. Hoy en día todo el mundo está expuesto a muchísima información, y casi siempre es la misma para todos, por lo que afecta en todo el proceso creativo, a la hora de hacer castings, de elegir temas…. Hay veces que cuando abres una revista ya has visto eso mismo antes, pero no creo que sea que ahora se ‘copia’ más que antes, sino que hoy en día es más fácil ver de dónde bebe cada uno para encontrar sus inspiraciones. Al final casi todos acabamos bombardeados por las mismas influencias, por lo que todo se homogeniza más”.

Recientemente el diario The New York Times analizaba que la plataforma de Instagram estaba mermando la creatividad de los diseñadores. ¿Cómo crees que hoy en día podemos encontrar una inspiración más pura y menos condicionada para apreciar la buena fotografía?

“Sí, es verdad, y es lo que hablábamos antes… Hoy hay tanto acceso a tanta información y de manera tan inmediata que el ’research’ muchas veces se hace hasta más complicado porque todo el mundo acude a las mismas fuentes. Y muchas veces no hace ni falta acudir a ello, sino que lo te imponen en todos los sitios y, al final, claro, eso acaba influyendo. Parece una paradoja que teniendo más acceso y más inmediato a la información cada vez nos quedemos más en la superficie y no busquemos más allá. Es el famoso dicho de ‘si no estás en las dos primeras páginas de Google, no existes’. Pasa un poco lo mismo con la imagen. Es tan fácil encontrar información que nos hemos vuelto cómodos. Yo tengo la suerte de trabajar con personas que no se contentan con eso y van más allá porque buscan la inspiración en fuentes muy variadas y sorprendentes. Recuerdo varios shoots donde una gran parte del ‘mood board’ eran poemas, y a partir de ahí se desarrollaba la historia. Pero también he estado en otros sets donde las referencias eran simplemente fotografías de otros fotógrafos, y encima, recientes”.

Desde fuera todos nos preguntamos cómo se gesta una producción tan grande como las habituales en las que trabajas para la edición americana de Vogue. Por ejemplo, la reciente de la modelo Karlie Kloss y la cantante Taylor Swift juntas…

“La verdad es que es complicado porque hay un equipo enorme de gente detrás de cada shoot. Cuenta con equipos de producción, agentes, localizadores, directores de casting,… Se tiene que cuidar cada detalle al máximo, no puede haber fallos y, si hay algún imprevisto, tiene que existir un plan alternativo. Además, antes hay varias reuniones y se van atando los cabos. Es un proceso muy largo, con mucha gente involucrada y gente muy profesional y especializada. Tanto que muchas veces acaba siendo más un problema que una ventaja”.

Portada de la edición americana de Vogue, firmada por Mikael Jansson y con Emilio García como asistente.

Podríamos decir que el hecho de que las celebridades sean hoy las protagonistas absolutas de grandes portadas vive su momento más alto. ¿Cómo resulta trabajar con nombres tan oscarizados y cuantas cláusulas se deben tener en cuenta antes de disparar una portada?

“Al final el momento de disparar suele ser bastante sencillo. Está todo muy preparado y, al menos en Estados Unidos, la mayoría de las celebridades o actrices saben que es parte de su trabajo y son muy profesionales. Son puntuales, dan el 100% y saben cómo hacer las cosas. Al menos, ésa es mi experiencia en las producciones en las que he estado. Otra cosa es cuando trabajas con celebridades por otros motivos, gente que se ha hecho famosa de la noche a la mañana y no por su trabajo precisamente. Esos sí son más complicados…”.

En tu trayectoria has podido trabajar con profesionales muy importantes y en paralelo a los fotógrafos, como la directora creativa Grace Coddington o la maquilladora Pat McGrath, auténticos iconos en la industria de la moda. ¿Quién te ha sorprendido más y por qué?

“Eso es lo impresionante de aquí. No solo la calidad de un trabajo concreto, sino de tantos trabajos durante tanto tiempo. Y sólo se consigue con muy buenos equipos de gente. Si no, es imposible. Maquilladores, estilistas, directores creativos, todos saben cuál es su parcela de trabajo y tratan de dar el máximo posible. Se crea mucha energía, es un proceso creativo interesante en el que cada uno aporta su grano de arena para que el resultado final sea lo mejor posible. La verdad es que hay muchos que me han sorprendido enormemente, como Fabien Baron, Karl Templer o Mark Carrasquillo, entre otros. Hay muchísimos que son grandes profesionales y que aportan un extra cuando están en set por su creatividad, su metodología o su visión”.

Hoy tu trabajo se centra en ser asistente del fotógrafo Mikael Jansson. ¿Qué debe reunir hoy en día un profesional como tú para acceder a un puesto así?

“Tengo la suerte de estar con Mikael desde hace unos cuantos años. No sé qué debe reunir, creo que es una mezcla de varias cosas. Está claro que los conocimientos se dan por hecho para llegar ahí, así que creo que es cuestión de actitud, de energía con el fotógrafo y con el resto del equipo, y mucho trabajo. Son procesos muy absorbentes, que exigen mucho, tanto a nivel físico como mental, por eso creo que la actitud es clave para poderlo hacer durante tanto tiempo seguido. Te tiene que gustar mucho tanto lo que haces, así como el estilo del fotógrafo y estar cómodo con él. Y supongo que el fotógrafo busca lo mismo en sus asistentes”.

Y como fotógrafo, ¿qué valores te sorprenden más de grandes como Steven Meisel, Bruce Weber o Mikael Jansson?

“Cada fotógrafo es diferente. De cada uno te llama la atención por algo singular porque son formas muy diferentes de aproximarse a la fotografía y con diferentes metodologías. Lo que tienen en común todos ellos es su pasión por la foto, se les nota al disparar porque lo hacen por pura pasión, es obvio que les gusta y por eso están dispuestos a trabajar muy duro por mantenerse donde están. Gente como Weber, Meisel o Jansson llevan muchos, muchos años y si no hay mucha ilusión y ganas es imposible estar ahí arriba tanto tiempo y rendir tan alto de manera tan frecuente. Luego es gente muy perfeccionista, cuando crees que ya está hecha la foto siempre tienen una idea para hacerla mejor o un detalle que modificar en la luz, en el encuadre, en las poses…. No son nada conformistas ni miran el reloj mientras hacen las fotos”.

Portada de la edición americana de Vogue con la actriz Carey Mulligan, firmada por Mikael Jansson y Emilio García como asistente.

¿Cómo ves ahora el mundo editorial en España manejando tu experiencia entre Nueva York y Madrid o Barcelona?

“Creo que es un mercado que tiene productos muy bien elaborados e importantes a nivel internacional. Las cabeceras de Luis Venegas, Hércules, Vamp o Apartamento son cabeceras que se ven fuera y que se ven con buenos ojos. Creo que el mayor hándicap que tienen es de presupuesto, y competir con las cabeceras internacionales es muy complicado por motivos económicos. Sería genial si hubiese más colaboración entre el mundo editorial, las agencias de representación y las marcas. España tiene la suerte de contar con grupos de moda fortísimos como Inditex o Mango, pero parece que no somos capaces de sacar adelante todo ese potencial entre todos. Por ejemplo, si te fijas en marcas suecas como H&M o Acne, dan mucho apoyo a las agencias creativas de su país y a los fotógrafos suecos, y así es cómo se crea una escuela, con un grupo de personas que acaba desarrollando una especie de sello aún siendo muy diferentes unos de otros. Aquí lo ves con varias nacionalidades, con los fotógrafos, las marcas de ese país, las agencias de allí…”.

¿Te gustaría regresar en algún momento a España e instalarte como fotógrafo con tu currículo o no entra por el momento en tus planes?

“​De momento quiero seguir desarrollándome profesionalmente más en Nueva York. Aún me queda mucho camino por recorrer aquí y es muy emocionante ver dónde te puede llevar. España, por supuesto, es un mercado que me atrae muchísimo y en el que me encantaría poder trabajar lo máximo posible. De momento colaboro con alguna revista, en especial con InStyle, y con clientes como la publicación Novedades de El Corte Ingles. Es muy especial para mí poder trabajar con clientes de España porque es mi casa y me encantaría poder tener una relación muy seguida y continuada con ellos pero, claro, mi carrera y mi vida, mis contactos y mis posibles clientes los tengo en Nueva York, y es algo que quiero intentar al máximo. Por ahora me ha ido muy bien, así que tengo mucha ilusión por continuar mi carrera aquí”.

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