FIRMAS Juan Velarde

Pablo Soto y Guillermo Zapata: elogio del holocausto, amenazas a un ministro y risas a costa de Irene Villa y las niñas de Alcasser. Por Juan Velarde

Se llaman Pablo Soto y Guillermo Zapata, a la sazón concejales de Ahora Madrid y expertos en ir más allá del insulto en las redes sociales. Lo suyo no es llamar imbécil o subnormal a las personas. Su especialidad es la de denigrar a víctimas del terrorismo, ensalzar el holocausto, amenazar a un ministro o, directamente, mofarse de las niñas de Alcasser, las que fueron vilmente violadas y asesinadas por un tal Anglés y con la necesaria colaboración de otro desalmado, Miguel Ricart.

Estos dos sujetos podemitas son el nuevo aire que ha entrado en las corporaciones, gente con cero escrúpulos en preguntar a través de Twitter cuánto tiempo habría de cárcel por asesinar al entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Esta gracieta de Pablo Soto ha pasado desapercibida hasta hace unos días, básicamente porque el autor del infame tuit era un don nadie, un quincemero sin oficio ni beneficio. Pero, evidentemente, desde el mismo instante en que alguien así adquiere una responsabilidad institucional, habrá que saber de dónde viene y sobre todo a qué se dedica. Lo de amenazar por Internet se le da de lujo. Esperemos, ya que la abuelita Carmena viene a cambiar la política, que aplique sus propias palabras y ponga a este energúmeno proa al marisco.

Pero como los donuts, esta gente viene de dos en dos, y si uno se permite el lujo de amenazar al titular de Justicia, otro se dedica al supuesto ‘humor’ virtual para reducir a cenizas a cinco millones de judíos para que pueda caber en el cenicero de un 600 y, para rematar su descerebrado afán de protagonismo, el dos por uno: vejar a una víctima del terrorismo como es Irene Villa y reírse de las niñas de Alcasser. Este subversivo dijo en un tuit que iban a cerrar el cementerio de esa localidad para que Irene Villa no cogiera más repuestos. ¿Se puede ser más demencial?

Pues estos dos son sólo alguno de los botones de muestra que se han colado en las corporaciones municipales y con los que habrá que lidiar a lo largo de cuatro años. Veremos a ver en qué estado dejan los ayuntamientos en el 2019. En Madrid, por lo pronto, podemos echarnos unas risas viendo como los anticasta van a meternos impuestos por vía intravenosa. Cómo para marcharse a vela llena, pero a la voz de ya.

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