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¡Se consumó el cambio! Ciudadanos y Podemos han decidido el nuevo mapa político de España. Por Eduardo Guerra

«Todo fluye, nada permanece»

Heráclito de Éfeso (540-470 a. C.) Filósofo griego.

Finalmente el sábado 13 de junio se dio un cambio político en España, las elecciones municipales y autonómicas determinaron que el bipartidismo dejó de ser hegemónico para darle paso al cuatripartídismo español. Lo interesante e importante es que ahora las estrategias de los cuatro partidos estarán orientadas a ganar las próximas elecciones generales de noviembre.

Y a todas estas,

¿Quién quedó mejor parado de cara a ese escenario?

Para el Partido Popular la situación es difícil y compleja. Aún siendo el partido que más votos consiguió, sin duda es el más afectado al perder ciudades como Madrid, Valencia y Zaragoza, después de gobernar en ellas por más de veinte años. La corrupción ha sido su principal lastre y para más INRI, han tenido que asumir el gran disgusto de la población con las medidas de ajuste económico, y ahora que se empieza a ver cierta mejoría en la tendencia de la recuperación de la economía, posiblemente las maduras se las comerá otro, quedándose el PP sólo con las verdes. Mariano Rajoy se muestra confundido, primero dice que no hará ningún cambio ni en su equipo humano, ni en las políticas económicas, para unos días después declarar y admitir que sí los hará. Luego, pasadas unas horas, dice que nadie debe hacerse expectativas con tales cambios, algo así como que está deshojando la margarita. Su estrategia más segura es presentarse como el único partido y candidato que puede evitar que la izquierda, sobre todo la izquierda rabiosa, frene y acabe con la tendencia de mejoría económica; se mostrará como el único capaz de frenar la amenaza comunista que quiere destruir el estado monárquico y ser el único capaz de frenar a los independentistas que no quieren una España unida. Es posible que tenga éxito con esta estrategia, sobre todo va a depender de lo que hagan los nuevos gobiernos municipales y autonómicos de izquierda, que ya amenazan con sus primeras medidas la estabilidad y la cordura en Barcelona, Valencia, Cádiz o Madrid.  Su posibilidad de volver a ser Presidente del Gobierno de España pasa por ser apoyado por Ciudadanos, único partido con el que puede sentarse a negociar.

Albert Rivera y Ciudadanos han jugado a ser reconocidos como el verdadero partido del centro, al apoyar a Susana Díaz (PSOE) en Sevilla, o a Cristina Cifuentes (PP) en Madrid. Podríamos decir que es el partido bisagra de la democracia española, capaz de frenar a los independentistas (casi logran evitar que  Compromís de Valencia entrara en el gobierno, haciéndole la oferta a Ximo Puig del PSOE). Como sus votos provienen en su mayoría de los decepcionados del PP, la izquierda los acusará de ser la marca blanca del PP o del bipartidismo, pero resulta que Ciudadanos se alimenta también de los votos de los disgustados del PSOE y hasta de los de PODEMOS. Se presentará de cara a las generales como el único partido del cambio democrático, constitucionalista, monárquico, no corrupto y con caras nuevas. Quién quita que Albert Rivera sea el presidente de Gobierno español con el apoyo abierto y explícito del PP y de Mariano Rajoy, que para evitar que Pablo Iglesias-PODEMOS lleguen a la Moncloa, terminen por apoyarlo como Presidente. Dependerá del número de votos que consiga cada uno.

El PSOE de Pedro Sánchez es el otro gran perdedor del bipartidismo, habiendo perdido más de 600 mil votos en las municipales y autonómicas, pero quedando bien parados y ganando influencia para hacer pactos con los partidos de izquierda radical y con los independentistas. Pedro Sánchez está jugando a ser la fuerza hegemónica de la izquierda, apoyando y dejándose apoyar por PODEMOS y sus marcas blancas. El problema para Sánchez es que Pablo Iglesias aspira, y así lo dice, la verdadera fuerza de izquierda, que ya se fagocitó a Izquierda Unida y que tiene gran posibilidad de hacerle lo mismo al PSOE. Al parecer, olvida Pedro Sánchez que su partido fue fundador de esta democracia, que su partido es constitucionalista, y que también tienen un gran rabo de paja de la corrupción.  Su estrategia es ganar fuerza en alcaldías y autonomías a través de los pactos, para desde esa base intentar convencer a España que con él volverá al estado de bienestar, que según la izquierda, dañó el PP.  Un dirigente fundamental del PSOE, Felipe González, le ha recordado en estos días a Sánchez que se cuide, porque “Está haciendo pactos con los monaguillos de Maduro” (Iglesias, Monedero, Errejón, etc.) El verdadero problema del PSOE es que si apoya el Statu Quo (PP, bipartidismo) PODEMOS lo arrasa, y si apoya a PODEMOS y las otras fuerzas de izquierda, igualmente pueden ser desplazados.  Está el PSOE sufriendo ya el síndrome del “abrazo del oso”. Para completar sus desaciertos han terminado por apoyar a los independentistas del CIU en Cataluña, Ada Colau en Barcelona y a los de Compromís en Valencia, todo con tal de sacar al PP de los gobiernos. Han pasado de ser un partido de gobierno a ser un partido bisagra para que otros manden.

PODEMOS, sus marcas blancas y Pablo Iglesias. En realidad son ganadores. Al igual que Ciudadanos, sin tener nada, ningún concejal, alcaldes o presidentes de autonomías,  han pasado a ser los que decidieron el mapa de quién mandará en España, y a tener representación en todo el país. Vale advertir que mientras Ciudadanos sí se presentó con sus propias siglas; PODEMOS lo hizo en alianzas con fuerzas locales de izquierdas, de tal manera que Manuela Carmena (nueva alcaldesa de Madrid) dijo hasta el cansancio en la campaña que ella no era de PODEMOS. La estrategia de Pablo Iglesias se basará en tratar de desvincularse de sus nexos y conexiones chavistas de izquierda radical, o de su parecido al Syriza griego, para intentar simular parecerse lo más posible al PSOE social demócrata.  Él sabe que se está metiendo en un pozo con un tiburón llamado PSOE, pero también confía que él y su gente son como las pirañas del pozo tropical. Han sabido aprovechar el descontento de la gente, le han sacado partido a la crisis económica, han sabido denunciar la corrupción del PP y del PSOE y pueden llegar a la Moncloa si logran convencer a los españoles de que ellos no son la franquicia del socialismo del Siglo XXI, CastroChavistaMadurista. No son un partido bisagra y aspiran polarizar la campaña con el PP.

Dadas las circunstancias, nada me extrañaría que en algún momento de los próximos cuatro años, veamos cómo a Nicolás Maduro o a Evo Morales, les entreguen las llaves de la ciudad de Madrid o de Barcelona, como invitados ilustres…

Eduardo Guerra B.

Analista político y representante en España de la empresa Estudios y Organización Eugenio Escuela.

www.elperiscopioelectoral.blogspot.com.es

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