FIRMAS Juan Velarde

El milagro de la vida es el mejor regalo. Por Juan Velarde

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No existen palabras en el diccionario, por más enciclopédico que pueda ser éste, que pueda definir a la perfección lo que es la llegada al mundo de un hijo. Por más que se pueda contar con los adjetivos más hermosos y edulcorados, no es ni una billonésima parte de lo que supone vivirlo día a día. Desde el mismo momento en que te comunican que tu pareja está en estado de buena esperanza hasta las horas previas a su llegada, cuando todos los nervios y emociones se desatan en un torrente imparable de pasiones.

El momento de ver nacer a ese bebé saliendo del ser de su madre es algo totalmente impagable. Es el verdadero milagro de la vida, eso tan extraordinario y tan fantástico que algunos, lamentablemente, no saben apreciar. No sólo no valoran la vida propia, sino que se creen en su más firme derecho de cercenar la de otros seres indefensos. De verdad, no saben lo que hacen, pero se están perdiendo un momento único e irrepetible.

Son tales las ganas que uno tiene de que el parto se produzca con la mayor naturalidad y que no surjan complicaciones que te da igual si tienes que estar día y medio sin pegar ojo o sin probar bocado alguna. En esos momentos sólo te alimentas de ilusión y la expectación por la llegada de ese primer retoño supera cualquier deseo de echarse en horizontal. Uno sólo desea en esa recta final que todo vaya bien, que la madre no sufra y que el bebé pueda afrontar su venida al mundo de la mejor manera posible.

Y, desde luego, que el padre pueda estar presente en ese parto es la guinda de ese fabuloso acontecimiento. El momento en el que ves salir a ese pequeño del útero materno supone una mezcla de sensaciones imposibles de reproducir sobre el papel o sobre la pantalla o como ese pequeño ser busca el regazo de la madre y seguidamente trepa para buscar la leche materna para aferrarse a la vida y acostumbrarse a una realidad que es totalmente diferente a la que había vivido durante nueve meses.

A uno le podrán colmar de muchos y valiosísimos regalos, pero como tener ahora entre nosotros al pequeño Eduardo no hay nada equiparable. Muchas felicidades Yovi y gracias por traer al mundo a nuestro pequeñín.

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