FIRMAS Salvador García

Los datos de Caritas. Por Salvador García Llanos

Caritas Diocesana de Tenerife, en su memoria Anual, vuelve a poner el dedo en las llagas de la exclusión social y del umbral de la pobreza, advirtiendo de paso que, con este modelo socieconómico, no se avanza. Inquietante.

Según sus datos, unas quinientas ochenta mil personas, que son, más o menos, una cuarta parte de la población de las islas, se encuentran bajo ese umbral. La organización atiende a más de veinte mil ciudadanos, un 16,6% más que en 2013. El director tinerfeño de la entidad,Leonardo Ruiz del Castillo, señala que solo un 23,6% de los canarios está plenamente integrado, pues se revela que detrás de esas cifras hay, sobre todo, una notable desigualdad.
Es el mismo Ruiz del Castillo quien habla de vulnerabilidad, de precariedad extrema y de empobrecimiento que afectan a familias enteras.
En ese sentido, debe preocupar sobremanera la situación de la población infantil, es decir, las familias con menores a su cargo. Las repercusiones de las condiciones de vida son directas: hay casos de malnutrición y tensión creciente en el seno de esas mismas familias, como consecuencia de tales circunstancias.
Caritas Diocesana interpreta que hay que diferenciar el modelo del aumento de la desigualdad de la coyuntura que significa la crisis padecida en las islas durante los últimos años. Eso explica que ya no es válida la idea de que el desarrollo social y de las personas esté vinculado al crecimiento económico. En ello basan su razonamiento los dirigentes de la entidad: el modelo exalta los beneficios económicos a costa incluso de la dignidad de las personas.
Las soluciones, desde luego, no son sencillas. Con la pobreza y sus voluminosas cargas hemos topado.
Canarias pasó de ser la Comunidad Autónoma con mayor índice de pobreza a ocupar el quinto lugar, situándose por delante de otras comunidades mucho mejor financiadas en lo que se refiere al mantenimiento de los servicios públicos esenciales. Pero no parece suficiente, o lo que es igual, hay que estimular y renovar en lo que sea menester todas las acciones estratégicas que se diseñen para afrontar las consecuencias de la pobreza y de la exclusión social.

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