FIRMAS Salvador García

Martinón, Magnífico. Por Salvador García Llanos

Seguro que no estaba nervioso pero le fue imposible controlar los rictus faciales. Serio, como siempre. Austero en todo, hasta en el gesto de blandir el bastón que recibió elegantemente de su antecesor, como queriendo compartirlo con todos los presentes o con toda la comunidad educativa. Academicista, en las formas y en el fondo.

Antonio Martinón Cejas vivió con intensidad su acceso protocolario al rectorado de la Universidad de La Laguna. En el paraninfo sonó, con la solemnidad y el garbo de toda la vida, el ‘Gaudeamus igitur’; pero también el verbo profundo y riguroso de un profesor comprometido, al que apasiona su Universidad como siempre le apasionó la actividad pública en cada faceta que ejerció.
Martinón elevó la cortesía de mencionar a los rectores que conoció y de agradecer la firma de los testigos en su toma de posesión. Fue el suyo un discurso construido con racionalidad y con algunas concesiones metafóricas. Una pieza de altura. Un espontáneo aplauso interrumpió su relato cuando se refirió a la lucha que asumiría por lograr una mejor financiación de las dos universidades canarias (Seguro que, en Seúl, donde se encontraba, su colega Regidor también se hubiera sumado). El papel de la Universidad de La Laguna en el marco de la institucionalidad y de la sociedad canaria. Los retos, las necesidades y los propósitos: un anhelo intangible y contagioso sobrevoló el paraninfo. El nuevo rector hablaba, llanamente, de aspiraciones, de experiencia y de potencialidades. De implantación, de nivel profesional, de investigación y de mercado laboral. De gratitud a las instituciones -principalmente, el Cabildo Insular- que dedican parte de los recursos públicos al desarrollo de la actividad universitaria. El mensaje era claro: que la sociedad insular se identifique con la Universidad, que la haga suya, que evolucione para ser apreciada con orgullo.
Otro antecesor comentaba a la salida: “Albergo la impresión de que esta tribuna va a ser muy respetada”. Y uno se acordaba del comienzo de un artículo de Antonio Martinón, ya Rector Magnífico, titulado “La cumbre del imposible matemático”: “Los descubrimientos matemáticos que se refieren a una imposibilidad producen en muchos una extraordinaria fascinación”.
Se espera mucho de él, claro. Accede al rectorado en plena madurez existencial. Que recordemos, jamás se arrugó ante las adversidades. Y ahora, que va a conocerlas y palparlas en otros ámbitos, seguro que se comportará como lo que siempre ha sido: racional, tenaz y pragmático.

¡Suerte, Magnífico!

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