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El ‘falso shaolín’, condenado a 38 años de cárcel por el doble asesinato de dos mujeres

AGENCIAS.- Juan Carlos Aguilar, ‘el falso monje shaolín’, ha sido condenado a un total de 38 años de cárcel –dos menos de los que pedía el fiscal– por asesinar con alevosía a Yenny Sofía Rebollo, colombiana de 40 años, y a Maureen Ada Otuya, nigeriana de 29 años de edad, el 25 de mayo y el 2 de junio de 2013, respectivamente.

Tras declarar el jurado al acusado culpable de los dos asesinatos con alevosía el pasado 24 de abril, el magistrado-presidente, Manuel Ayo, ha dictado sentencia en la que le condena a 19 años de cárcel por cada uno de los crímenes. El juez no impone los 20 años máximos establecidos para penar cada uno de los asesinatos con alevosía al tener en cuenta que el encausado no tenía antecedentes penales y admitió los hechos que se le imputaban.

No obstante, destaca que Aguilar no se arrepintió y subraya que los crímenes fueron de «extraordinaria gravedad», cometidos con «una violencia inusual», ya que descuartizó el cadáver de Rebollo y a Otuya la estranguló con un cordel, dejándola en coma. Tres días después falleció en el Hospital.

En base de al veredicto del Tribunal popular, la resolución judicial considera probado que, sobre las 3.20 del 25 de mayo de 2013, Juan Carlos Aguilar Gómez, de 49 años, se encontraba en el interior de su vehículo Mitsubishi en la calle General Concha de Bilbao, a la altura de Alameda San Mamés, cuando apareció Yenny Sofía Rebollo Tuirán, acompañada de un hombre que la estaba incomodando. Ésta accedió a subirse al coche de Aguilar y se dirigieron al gimnasio propiedad del acusado, ubicado en la calle Máximo Agirre.

Una vez dentro del local, a una hora no precisada de la madrugada, el ‘falso Shaolín’, «con el ánimo de acabar con la vida» de Rebollo, actuando de forma súbita, imprevista e inesperada, la maniató los brazos, no dándole posibilidad alguna de defenderse y le agredió causándole la muerte».

En los días posteriores, el procesado diseccionó el cuerpo de Rebollo y se fue deshaciendo de diversas partes del cadáver, arrojándolos a la Ría y a la basura para evitar su identificación.

 

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