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Demagogia canaria de inserción. Por Ce Castro

Toca volver a hablar de números, pero no de cualesquiera, sólo de aquellos que reflejan una realidad nada gratificante. Estos días vuelve a ser actualidad la prestación canaria de inserción (PCI), una ayuda económica que reciben quienes están en «situación de exclusión social o de riesgo de padecerla» y que parece que se ha paralizado, una vez más, por falta de recursos.

No se trata de una cuestión sencilla. Ciñéndonos a los datos del propio Gobierno canario, durante los primeros seis meses de 2014 se registraron 2.657 solicitudes, de las que se denegaron 505. Entonces había 6.164 beneficiarios que percibían entre 472,16 y 658,54 euros. ¿Pero todo esto qué quiere decir exactamente? Pues sencillamente que la situación no va en absoluto nada bien.

Ya la Audiencia de Cuentas emitió un informe demoledor acerca de la gestión de las PCI correspondiente a los años 2011-2013. No dejaba «títere con cabeza» y censuraba la gestión o la falta de ejecución presupuestaria, más de 950.000 euros en el periodo 2012-2013. Asimismo alertaba de una realidad, que se ha vuelto a repetir estos días, el «prepastanteo». La Audiencia aseguraba que se comprometían partidas en el año en curso con cargo al siguiente ejercicio, lo que hacía que las partidas se agotasen rápidamente. Es decir, en 2014 se proyectaron gastos con el dinero de 2015 y por esa razón el presupuesto actual para todo el año se ha agotado en apenas tres meses.

El pasado enero el Parlamento de Canarias aprobó una modificación de la ley que regula estas ayudas. Se trata de un nuevo intento de maquillar la realidad de un Archipiélago muy golpeado, pero poco puede hacer para revertir las situaciones de pobreza. No puede negarse que se trata de una iniciativa bienintencionada, pero falta gestión y dinero para obtener resultados. Incluso, falta vergüenza entre nuestra clase dirigente.

La versión oficial argumenta estos días que hay dinero para continuar abonando a los beneficiarios y a quienes tengan que renovar la ayuda, pero que los nuevos demandantes deberán esperar. Se olvidan quizá de que hablamos de un derecho al que acceden quienes ya no tienen nada. Para comenzar a «mover los papeles» debes haber sufrido tres meses sin haber tenido ningún ingreso. Después llega la maraña administrativa y el «vuelva usted mañana» porque le falta un certificado de no sé qué. Meses después el expediente aterriza en la Consejería y a esperar «sine die» y mientras tanto «a comer del aire». ¡Qué fácil es decirlo y qué doloroso padecerlo!

Y por fin después del primer ingreso, nada cambiará. No hay seguimiento, no hay medidas serias de formación, ni tampoco de integración. ¿Cómo harán la evaluación? Y es que a los pobres sólo nos queda mirar el inexorable paso del tiempo, porque lamentablemente en este Archipiélago no hay nada eterno e igual que vino, el dinero terminará yéndose sin que nadie haya hecho nada para arreglar tanto desatino.

@cecastroramos

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