FIRMAS

El catador de putas. Por Ce Castro

Ir un poco más allá. Esa es la tarea de muchos en un mundo en el que el exceso de información es la nota predominante. No podemos dar al cliente lo mismo que nuestros competidores. Nos quedaríamos sin ellos. Y en este trance, se corre el riesgo de banalizar hasta matar temas que no son en absoluto triviales.

Así hace unas semanas los medios de comunicación de medio planeta publicaban una información acerca de un singular prostíbulo alemán que buscaba «catadores». Precisaba el anuncio de dicho establecimiento que daba igual su sexo, pero los y las aspirantes al puesto de trabajo debían ser titulados universitarios, expertos en estas lides y sanos. Tras la noticia, nada de análisis, sólo alguna chanza. Por supuesto, la campaña publicitaria estaba hecha y, por lo tanto, el objetivo conseguido.

Nada o poco se dijo de que, según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), entre 40.000 y 50.000 mujeres y menores de edad son explotadas sexualmente en España en la actualidad. Ni de que la prostitución constituye el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, después de la venta de armas y de drogas. Queda también lejos la «incredulidad» de muchos cuando, hará poco más de medio año, el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos contó que a partir de entonces «este aborrecible business» también formaría parte del PIB elevándolo en un 0,35 por ciento.

La doble moral ha llegado para quedarse. Sin lugar a dudas, éste es un asunto extremadamente controvertido. Hay quienes promueven su legalización y que, revestidos de modernidad, plantean que hay que dar pasos en este sentido. El conflicto está servido cuando estamos hablando de personas que son esclavizadas, es decir, privadas de libertad y bajo el dominio de las mafias. No en vano ya la Declaración Universal de los Derechos Humanos prohíbe la esclavitud y el comercio de esclavos en cualquiera de sus manifestaciones y, además, reconoce el derecho a no ser sujetos de trato cruel, inhumano o degradante.

Y ya que de esclavitud se trata, se debería rescatar el abolicionismo. Erradicar de cuajo estas prácticas delictivas. En estos asuntos no debemos ser tibios y mucho menos criminalizar a las víctimas. Tampoco ingenuos, el camino no será fácil, habrá demasiadas piedras en el camino y también habrá que darles una oportunidad de futuro a las víctimas.

No cabe duda de que la prostitución es el nivel más elevado de «terrorismo machista» y por ello es necesario no trivializar. La inmensa mayoría de quienes la ejercen lo hacen por obligación y necesidad económica. Son explotados y quienes la «consumen» son cómplices de la esclavitud. No hay otra vía más que prohibirla. Así, la explotación de la prostitución merece por su gravedad que la ciudadanía les preste una atención especial. Las personas que la sufren se encuentran en una situación de debilidad extrema y privación total de libertad.

@cecastroramos

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario