FIRMAS Salvador García

El lado amargo del pastel. Por Salvador García Llanos

No era marzo un mes muy favorable para la creación de empleo en la Comunidad Autónoma de Canarias, como se puede comprobar desde el año 2001, de ahí que llame la atención el descenso registrado, casi dos mil personas. Ha subido la contratación, tanto en la evolución mensual como en la interanual: ese crecimiento no se producía hace años. Los datos positivos se completan con veinticinco mil setecientos sesenta y seis nuevos afiliados a la Seguridad Social. El primer trimestre del año, pues, con las cifras sobre la mesa, acredita que se está generando empleo en las islas, de lo cual, naturalmente, hay que congratularse.

Pero olvidemos el lado amargo de este pastel. Aún están registradas como demandantes de empleo doscientas cincuenta y seis mil ochocientas cincuenta y una personas. Siguen siendo muchas. O lo que es igual, hay que fomentar todas las iniciativas que potencien la empleabilidad.

Sobre todo, cuando un breve análisis estadístico revela que más de la mitad de esos parados inscritos en Canarias, el 51,3%, no cobra prestación ni subsidio alguno por su condición de desempleados, lo que significa cuatro décimas menos respecto al mes anterior. En números absolutos, ciento treinta y una mil setecientas sesenta y cinco personas no perciben ningún tipo de prestación. Las cifras de beneficiarios de la protección pública por desempleo correspondientes al mes de febrero elevan a cuarenta y tres mil setecientos veintiún desempleados los que cobran la prestación contributiva; sesenta mil ciento setenta, el subsidio y veintiún mil ciento veinticinco la renta activa de inserción.

Si el mes de febrero se cerró con esos doscientos cincuenta y seis mil ochocientos cincuenta y un desempleados, ello implica que más de ciento treinta mil carecen de cobertura por desempleo. Muchas, por supuesto. Es ese lado amargo que obliga a ser comedidos en cualquier análisis o declaración que se haga respecto de un problema estructural que sigue preocupando sobremanera a los ciudadanos, como se acredita en la más reciente entrega demoscópica del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

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