El bar de Pepe. El cipote real. Por Joaquín Hernández

Abr 10, 2015 Sin comentarios por

Bendita polla, mil veces seas,

hispana regona, digna de salmos y corona,

que, manejada con maña,

fuiste el orgullo de España…

 

Dice el refranero español, muy sabio, “hay quien se lleva la fama y otros escaldan la lana”, o lo que es lo mismo, mientras tú te cargas el muerto, yo sigo matando. Esto viene a colación de la fama que se llevó a cuestas el pobre soldadito de Archidona, pueblo de la provincia de Málaga, cuando al regresar, después de estar pringándose los 2 años de mili en Sidi Ifni, en el cine del pueblo y en la llamada fila de los mancos (últimas butacas de los cines, destinadas al magreo de los jóvenes de la época, donde las manos se ocultaban debajo de faldas y braguetas) en una masturbación soltó tal cantidad de semen y con tanta velocidad, que ha sido objeto de un record Guinnes, por lo visto la altura media del semen eyaculado era de 30 cms y su velocidad de unos 7 km/hora lo que le valieron a batir el citado record que, después de 70 años, sigue imbatido.

Decía que el pobre soldadito se había llevado la fama como el mejor cipote orgullo de España, pero teniendo en cuenta la historia de los llamados “cipotes borbónicos” el que ha escaldado la lana ha sido nuestro querido y bien amado Rey Juan Carlos I.

Por lo visto el Monarca, al igual que sus difuntos antepasados, debía (digo “debía porque a estas alturas de la película no creo, pero… vamos igual si) tener un buen cipote y donde  ponía el ojo detrás iba derecho su miembro viril, que según dicen las malas y buenas lenguas (él lo sabrá) trabajaba a destajo y continuadamente.

El caso es que a D. Juan Carlos I le están saliendo vástagos a diestro y siniestro, tanto es así que se está pensando en una especie de Gabinete de Crisis donde dilucidar quienes pueden tener derecho a la sucesión de tan noble personaje, ya que según parece el heredero al trono de España podría ser un tailandés de unos 48 años, fruto del romance apasionado en una noche verano en Tailandia que mantuvo nuestro Borbón con una joven y bella tailandesa.

Desde luego que el hombre, para orgullo de la raza hispana, del macho cabrío hispano, y como buen representante del latín llover ha ido “regando” el mundo de “raza”, tanto es así que el propio Franco en más de una ocasión se refirió  a “Juanito” como todo un “caballero de pura raza hispana”, disculpando las correrías del joven príncipe por las calles y plazas madrileñas. De verdad que D. Juan Carlos se tiene que descojonar de la risa cuando le hayan dicho lo de Julito Iglesias, otro machoman de la casposa piel de toro,   y sus 3.500 polvos, eso debe ser para el monarca español caca de la vaca, o sea una chorradilla de andar por casa.

Si tenemos en cuenta la edad de nuestro querido y puretilla  Juan Carlos I, Rey de España por la G. de Franco, y si ponemos como media de inicio a sus escarceos amorosos la temprana edad de los 14 años, hay quien dice que ya a los 8 años le metía mano en las tetas a nurse de turno, estamos hablando de una media de vida sexual de unos 60 años, en una figura como él, deportista, buena planta, muy rey él, no es descabellado pensar en un mínimo de 8 kikis al día (shippsssss un momento!! No se me altere el patio, vale?

Les cuento el chiste de la pareja que visita unas cuadras de caballos de carreras y al llegar al semental les dice el mayoral: “Este es nuestro mejor ejemplar de caballo, pura raza árabe puede hacer 12 a 18 coitos diarios” a la que la señora toda sorprendida, comenta por lo bajini a su marido “aprende Pepe, yo me conformo con la mitad”, el marido cabreado le pregunta al mayoral ¿Pero con la misma yegua siempre? El mayoral “No, claro que no, con una distinta cada vez”.

Lo que quiere decir que en sus años de vida, sin contar los que les pueda quedar, nuestro representante a escala internacional de la marca España, puede presumir de unos 262.800 polvos, o sea que cada dos horas más o menos limpiaba su fusil real, y además eligiendo la montura.

Me da la impresión que muchas demandas de paternidad se van a presentar en El Tribunal Supremo aunque explique que si dejó sin efecto la admisión inicial de la demanda de paternidad presentada por la ciudadana belga Ingrid Jeanne Sartiau contra el Rey Juan Carlos es porque era “falsa, frívola y torticera” Y porque la mujer ésta ofreció posteriormente versiones “excluyentes, por incompatibles” con la expuesta en su reclamación judicial.

Muchas versiones “excluyentes y muchas incompatibilidades” tendrán que argumentar a la serie de demandas que se interpondrán por muchas mujeres que se pudieran haber quedado embarazadas del cipote real, que según parece no guardaba muchas precauciones, o mejor dicho, ninguna. De todas formas, y como me dijo mi tío abuelo Bernardo: “Joaquinito, no olvides nunca que con buena polla bien se folla”

 

 

FIRMAS

Acerca del autor

El autor no ha rellenado su perfil aún
Sin respuestas a “El bar de Pepe. El cipote real. Por Joaquín Hernández”

Deje una respuesta