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El bar de Pepe. La mentira es la única verdad que existe en la boca del político. Por Joaquín Hernández

Mi primera verdad fue un desastre, mi padre me lanzó, junto con una mirada de mala leche, la consabida colleja seguida de intento de patada en el culo, cosa que evite saliendo rápidamente de su entorno. Mi abuelita, por aquel entonces muy mayor ella, no se daba muy por el baño y el verano barcelonés, caluroso y húmedo, producía un aroma un tanto enrarecido en la habitación que compartía con mi querida abuelita, por lo que le solté una verdad tan verdad que produjo el cabreo de mis padres y concurrencia. Ya con 7 añitos comprendí que decir verdades sólo te llevaría a soportar incomprensiones y, cuando menos, collejas e intentos de hacer con mi trasero un balón de reglamento.

Entonces aprendí a mentir y pronto me di cuenta que la mentira tenía las patas cortas y el camino a recorrer aún más corto que utilizando la verdad. Pero, curiosamente, también aprendí que la gente creía más en la mentira que en la verdad, no sabía muy bien el por qué ya que siempre me resultaba más agradable contar la verdad que la mentira, pero si era cierto que mientras con la verdad me esperaba el sopapo y el castigo, con la mentira incluso conseguía premios, por ejemplo si mi madre me mandaba a comprar a la tienda y le sisaba de la compra 2 pesetas y le decía que había aumentado el precio de los huevos no pasaba nada, pero si mi respuesta era decir la puta verdad, o sea que me había gastado las dos pelas en sendos chupa chups, la bronca era divina de la muerte.

La mentira conquista, la verdad duele. Para exculpar los pecados de la mentira hemos confeccionado un catálogo de mentiras; la piadosa, la manipuladora, la ruina, la solidaria, la de derechas y la de izquierda. La mentira piadosa es la mejo de todas ya que llegado el momento te puede servir como eximente del delito, o sea decirle a tu mujer que el lunar de pelos que tiene junto a su boca es el mismo lunarcito que te gustaba tanto cuando tenía 20 años es posible que suavice el cabreo de la parienta por llegar tarde a casa y con dos copas de más.

En cambio la mentira para manipular el sentido de las cosas es la más enrevesada y se necesita especialistas en la materia, o sea como le sucede a Rajoy que no sabe que, como dijo Abraham Lincoln, se puede engañar a muchos durante mucho tiempo, pero no se puede engañar a todos durante todo el tiempo.

La mentira ruinosa es la que produce el efecto boomerang, lanzas el bulo de la crisis y cuando menos te lo esperas estás en quiebra absoluta. La de los de derechas es siempre la misma; Patria, Bandera, Himno y acabas en la cabrona guerra matando o matándote por la burda mentira del honor de la Nación mientras ellos, los mentirosos se ponen a buen recaudo en sus castillos blindados, y la mentira de la izquierda; Pan, Trabajo, Justicia y Paz y si te mueves un poco a la derecha o te pasas de la izquierda acabas en cualquier Gulag de alguna parte de este jodido mundo.

La mejor de todas es la mentira solidaria, esa sí que es una mentira cojonuda, en el fondo es inducida, por ejemplo cuando te dicen que apadrines un niño del tercer o decimo mundo, que con tus 10 euros al mes puedes contribuir a la felicidad de unos pobres y desgraciados niños y el presidente de esa ONG´s sin oficio reconocido y dedicación exclusiva a salvar esas vidas humanas de la incultura, vive como el Pachá de kalimpur en un chalet en Donostia con todo lujo, normalmente esa clase de mentira está muy reconocida socialmente e incluso pueden premiarte por ello.

Mentir siempre ha estado de moda, y si no me creen pongan atención a todos los candidatos a padrinos del pueblo, o sea a los nos van a prometer hasta meter, quiere decir que hasta que no lleguen a la poltrona del poder nos mentirán como bellacos, una vez que conquisten el palacio presidencial de lo dicho no me acuerdo.

A propósito, esto me recuerda el chiste aquel del ladrón que atracó un banco y se llevo 200 millones de dólares, la policía lo puso a disposición del juez. Su abogado defensor le dio una solución para librarse de la cárcel comprometiéndose el ladrón a entregarle el 50% del botín robado, le dijo: -Lo que tienes que hacer es cuando te pregunte el fiscal o el juez tu siempre pon cara de tonto y contesta esto: ¿Cuano… none? Y siempre contesta igual ¿me has entendido?

El ladrón que era más listo que los ratones amarillos, cuando el fiscal le preguntó: ¿Qué hacía usted el día de autos? La respuesta del chorizo era siempre la misma ¿Cuano… none? Y así sucesivamente.

Cansado el Juez consultó al tribunal y le dieron por loco por lo que lo encerraron en un psiquiátrico.

Pasado el tiempo y dado de alta de su demencia, al salir del manicomio estaba esperándole el abogado para cobrar el 50% del robo.

-Ahora que yo he cumplido con evitarte la cárcel, entrégame el dinero que me debes.

A lo que contesto el pillo ladronzuelo ¿cuano… none?

O sea que la mentira a veces funciona tan bien que hasta el propio mentiroso se la cree.

Al fin y al cabo ¿Quién no ha sido capaz de decir una verdad alguna vez en su vida?

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