FIRMAS

La tele canaria y el Parlamento de los líos. Por Míchel Jorge Millares

Tal vez a muchos no nos sorprenda la carajera montada en torno a la constitución del primer Consejo Rector de la Radio Televisión Pública de Canarias. Otro episodio más del eterno desacuerdo en la Cámara Autonómica (la más paritaria y, a la vez, con menor representación democrática para el gusto de muchos que vivimos en estas ínsulas). Triste espectáculo, insisto, que se suma a la extensa lista de desencuentros de nuestros parlamentarios y que refleja cómo dirigen los órganos y empresas que dependen de la Comunidad Autónoma.

El caso más grave (creo, pero para algunos puede que sean otros) ha sido el del desaparecido o auto hundido Consejo de Administración del propio ente público de RTVC, donde el director de la tele ninguneaba a los representantes (cosa que ha sido su modus operandi, como lo es tratar con chulería a los diputados regionales) y éstos tuvieron que dimitir (los que no habían fallecido) porque no aguantaban más el papel de monigotes desde que fueron nombrados desde hace ‘sólo’ unos 15 años, sin que el Parlamento de Canarias se acordara de renovar sus miembros y poner orden en la ‘casa’ con la excusa de aprobar una Ley y regular lo que habían dejado podrir.

En estos días, se intentaba crear el Consejo Rector del ente, tras la aprobación de la Ley 13/2014, de 26 de diciembre, de Radio y Televisión Públicas de la Comunidad Autónoma de Canarias. Un Consejo que pondría fin al mandato de Willy Carcía García, la apuesta de Paulino Rivero para dotar a la Tele Canaria del máximo responsable que se salda con una valoración extraordinaria de unos pocos y el rechazo más absoluto de otros pocos. Un mandato que transmite como herencia un modelo de gestión económica y de programación de contenidos que dejará huella… Y dejo de hablar de este señor porque mi deseo (y no lo he ocultado durante años) es que regrese a su casa y deje esta empresa financiada con fondos públicos para que la gestionen profesionales y se pueda implicar en su futuro la sociedad canaria y el Parlamento (espero que con más interés que el mostrado hasta ahora en estos últimos ocho años…). Pero lo que debía ser un trámite administrativo ha sido un nuevo (y enorme) fracaso. De hecho, probablemente no se cree el Consejo Rector hasta después de las elecciones autonómicas…

La polémica en la gestación del Consejo Rector del ente, surge por el perfil de las personas designadas por los distintos grupos políticos. La Ley establece que los miembros del Consejo deben ser “personas con la condición política de canarios, de reconocida cualificación y experiencia profesional, entendiendo por tal indistintamente:

-Las personas con formación superior o de reconocida competencia que durante un plazo no inferior a cinco años hayan desempeñado funciones de administración, alta dirección, control o asesoramiento en entidades privadas.

-Las personas de reconocida competencia que hayan desempeñado funciones de similar responsabilidad a las enunciadas en el anterior apartado en un plazo no inferior a cinco años en entidades o instituciones públicas.

-Las personas con formación superior o de reconocida competencia con relevantes méritos en el ámbito de la comunicación, o con experiencia profesional, docente o investigadora».

Dicho esto, entendemos que se puede tratar de personas con formación superior como diplomados, master, licenciados o doctores, que tengan experiencia en la dirección de entidades privadas o públicas por más de cinco años. O lo mismo pero entre profesionales de la comunicación, o la docencia…

A primera vista, no queda muy claro que un militante político pueda ser excluido. Ni que tengan que tener los candidatos un título determinado, pero para eso están los debates y las ganas de decir algo por una vez (después de todos estos años permitiendo este despropósito) por parte de los diputados regionales. No obstante, han intentado vetar a un candidato propuesto por el PP y que al parecer no tiene titulación universitaria (desconocemos cuál es su nivel de estudios), por lo que entraría en el Consejo si no hubieran rechazado su nombramiento un individuo con un perfil profesional discutible que podría alcanzar la presidencia del Consejo como el resto de miembros del mismo. Una situación que recuerda (demasiado) al deplorable estado actual del ente, presidido por un profesional que tiene reconocido por Paulino Rivero su título de estudios de la Universidad de la Vida.

Paco Moreno, uno de los candidatos a formar parte del Consejo y que atesora una enorme experiencia en cargos de responsabilidad en empresas audiovisuales públicas y privadas, se ha retirado, lo que imposibilita en la práctica la creación del Consejo Rector y, por ende, el fin del mandato de Willy García García. Una situación que nos temíamos al ver cómo se disponía de los puestos sin consenso político y sin un modelo claro de radio televisión pública (mientras menos claro, mejor, pensaría alguno). Y, así, la pelota quedó en el tejado de los candidatos, sin que éstos se merecieran ni esperaran formar parte del circo que se ha montado. Pero algo tenían que olerse, ya que han sido muchos años de discrepancias y lucha para sacar de la oscuridad la administración y dirección del ente. Además, los cargos a los que fueron propuestos incluían competencias tan relevantes como la aprobación de contratos de servicios, despidos de personal y, sobre todo, poner en marcha las directivas del Parlamento y del Consejo Asesor.

No les quito más tiempo, pero acabo con la triste convicción de que este Parlamento no entiende los mensajes de la ciudadanía. No comprende que un órgano público de información debe ser totalmente transparente y tener más definición que la pantalla por la que nos llega su señal. Y cada día que pasa con Willy García García al frente del ente es un despropósito más que demuestra lo poco que se estiman los representantes del pueblo ante un señor que trata con un desprecio inaudito a la Cámara y, a través de ella, a todos los ciudadanos.

“Gobernar es difícil. Decirle a todos lo que quieren escuchar es facilísimo, pero no es ser responsable» (Paulino Rivero. 26/02/2015)

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