FIRMAS Marisol Ayala

Juntos el primer día, juntos el último (Han muerto dos ancianos). Por Marisol Ayala

As-sin-tó! As-sin-tó!…mi madre se asomó curiosa al marco de la puerta y me observó. Yo estaba en pañales, de pie en la cama agarrada de los barrotes y saltaba privada a mi juicio repitiendo siempre lo mismo as-sin-tó!

Ella me contaba que a la alegría propia de que tu hija diga sus primeras palabras, se sumó la preocupación por no saber qué demonios estaba diciendo tan contenta, cuando toda la familia espera expresiones como papá, mamá o agua. No tardó mucho en descubrirlo, en mi siguiente paseo sentada en el carrito y embadurnada de colonia hasta las trancas, nos encontramos, como siempre con Jacinto.

¿Cómo está mi niña? Yo le miraba cómplice… ¿Cómo me llamo yo?… A lo que mi madre siempre añadía ya con tono de rutina, “Jacinto la niña es pequeña, ya lo sabes, todavía no habla” …… ¡¡¡Cómo que no!!! ¡¡¡Yo me llamo Jacinto!!! Dilo mi niña JA-CIN-TO!!!. Ahí los dos entendieron que tanta insistencia acabase por conseguir mi primer vocablo, que además pasé tiempo repitiendo con el tono gritón con el que él me lo deletreaba desde que apenas tenía días, hasta que por fin lo dije.

Jacinto era vecino del barrio de Arenales, de los que aquí llamamos míticos, de toda la vida, él y su familia. Todos de niños crecieron juntos, mi madre y mis tíos también. Era pintor, profesión que llevó hasta las últimas porque aún hoy la casa donde vivía es la que más resplandece de toda la calle. Compartió muchos años, hasta sus últimos días, con Blanca, Blanquita para los vecinos y era habitual verlos asomados a la azotea y levantar la mano para saludarte, o encontrártelos sentados en Triana sentados a la fresca.

200338038-001Al crecer, pasé de ser la niña a ser “la novia” y cuando me veía, ya no era necesario repetirme el nombre, porque lo sé decir perfectamente, pero si preguntarme a viva voz ¿¿¿Cómo está mi novia??? Y estamparme dos besos en la cara muy a su estilo, daba igual verme cada quince días que todos, siempre lo hacía igual. Hace tiempo que ya Blanca no salía, pero Jacinto no paraba quieto y le mandaba siempre recuerdos a Blanquita de mi parte, ella me devolvía un beso desde la azotea si me veía pasar.

El miércoles volviendo del trabajo vi a los bomberos trepar por la fachada de la casa de ambos y me extrañé, pero pensé en un clásico olvido de llaves, al momento, desde casa sentí pasar una ambulancia y ya el olvido de llaves comenzó a perder sentido. Ayer por la prensa supe que ambos tuvieron que ser rescatados por los bomberos en estado grave y fallecieron a las pocas horas.

No voy a entrar a valorar, el estado en que se encontrasen, porque paso mucho tiempo fuera de casa, pero no hace tanto que vi a Jacinto paseando como siempre y a los vecinos nos ha dejado descolocados a parte de tristes, porque no parecía simple vista tan grave, descuidado o desorientado. Sea como fuere, no tenían hijos y todo el mundo los recuerda siempre juntos, asomados, de excursión, en el supermercado, paseando, juntos pasaban la vida, juntos se fueron.

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