FIRMAS

La dictadura de la demografía. Por Antonio Alarcó

Esta semana volvemos a recordar un tema del que ya hemos hablado, sobre unos datos que nos preocupan enormemente pues la cuestión de la demografía constituye uno de los problemas fundamentales de la sociedad española. Concretamente leíamos que aquí en Canarias casi 50 municipios registran más defunciones que nacimientos, unos números nada halagüeños con efecto retardados muy graves.

Según se explicaba, más de la mitad de las localidades canarias presentan crecimiento vegetativo negativo frente a las 26 del final del pasado siglo. En otras palabras, la diferencia entre nacimientos y muertes se va estrechando y si en 2013 se produjeron 2.238 alumbramientos más que defunciones, la diferencia al finalizar el siglo pasado ascendía a 6.951.

Pero no sólo son llamativos los datos de Canarias. También el conjunto de nuestro país está sufriendo los mismos síntomas. Así lo certifica el Instituto Nacional de Estadística (INE) que en sus datos definitivos de 2013 y provisionales del primer semestre de 2014 concluía que el crecimiento vegetativo cae en un 70 por ciento, con cada vez menos nacimientos y más muertes.

Y aunque es cierto, al igual que en Canarias, que el saldo sigue siendo positivo lo que demuestran estas cifras es que las líneas que simbolizan los nacimientos y las defunciones se están acercando peligrosamente. Así, por ejemplo, si en el primer semestre de 2013 contábamos con una diferencia de 6.900 personas, en el mismo periodo de este año sólo alcanzábamos las 2.037.

Sin lugar a dudas estamos ante un problema de gran importancia y además de difícil solución porque el hueco demográfico es muy difícil de rellenar, si no lo detectamos a tiempo. Y decimos esto porque el problema del envejecimiento de las poblaciones aparejado al hecho de la escasa natalidad, trae consigo no solo la puesta en marcha de una enorme labor de ingeniería social sino una dependencia irrenunciable de la inmigración para garantizar la sostenibilidad de un país.

Y no es que la inmigración sea mala, más bien todo lo contrario cuando es controlada, pero comprometer el desarrollo socioeconómico de un país a los variables flujos migratorios es tener sobre nosotros la espada de Damocles de la dependencia y la incapacidad de previsión económica fundada en una autosuficiencia poblacional. Ese es, sin duda, el riesgo de la llamada “dictadura de la demografía”.

Si a esto le añadimos que el número de nacimientos ha caído en 2013 hasta los 425.390, un 6,4 por ciento con respecto al año anterior y continúa con la tendencia negativa que se registra desde hace cinco años, la situación se torna aún más complicada. Sin embargo, el primer semestre de 2014 nos ha dado un respiro y se registraron 209.282 alumbramientos, un 1 por ciento más que el mismo periodo de 2013.

De confirmarse estos datos, recuerden que aún son provisionales, estaríamos ante el primer incremento en un semestre desde el año 2010. Sin embargo, la estadística Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos indica que la población envejece y se reduce sin que se produzca el número de alumbramientos necesarios para que tomen el relevo y mantengan la sostenibilidad del llamado Estado de Bienestar.

Son muchos los analistas que nos alertan de que la medidas estructurales que los gobiernos toman para el equilibrio y la sostenibilidad de las pensiones serán insuficientes si no van aparejas de un incremento poblacional, con un número mayor de nacimientos que garantice la adecuada provisión de fondos al Estado. Nacimientos que han de gestarse en la que, para nosotros, constituye la principal célula económica y social de nuestro país y sin la cual España no hubiese resistido esta crisis: la familia.

Debemos ser conscientes de que tenemos que mimarla, protegerla e incentivarla todo lo posible para garantizar su importancia desde el punto de vista poblacional. En definitiva, la planificación demográfica de un país es uno de los factores claves que tienen que plantearse sus gobernantes, ya que sus consecuencias pueden ser irreparables.

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