Cine SOCIEDAD

BIOPICS (VI). “Foxcatcher». Juguetes rotos

Elblogoferoz/Manuel Díaz Noda/Adivinaquienvienealcine.- Con sólo tres películas en su haber (pero, ¡qué tres películas!), Bennet Miller ha ido construyendo una filmografía de lo más sugestiva y coherente, perfilando de manera extraordinaria no sólo las temáticas que aborda, sino también el tono narrativo y el tratamiento estilístico de todas ellas.

Su cine ha tenido la fortuna de contar con presupuestos medianamente holgados y la participación de actores y estrellas de primera fila en la industria, sin embargo, hasta ahora siempre se ha alejado de los parámetros habituales marcados por los grandes estudios en Hollywood. Ya la cinta que le lanzó a la fama y el prestigio como cineasta, “Truman Capote”, se apartaba del tono de la mayor parte de los biopics, evitando la condescendencia hacia la figura de su protagonista y no dudando a la hora de definirlo como una persona egoísta y maquiavélica que, en su afán de exprimir y sacar provecho de los que está a su alrededor, acabó destruyéndose a sí mismo moral y artísticamente. “Moneyball” ofreció un acercamiento al deporte rey en Estados Unidos desde una perspectiva desapegada y evitando falsos patriotismos.

Se trataba de un análisis interno no tanto del juego en sí como del apartado empresarial que lo sustenta, ilustrando además un punto de inflexión en la evolución de baseball, la última claudicación del deporte en favor de la estadística pura y la frialdad de los datos computerizados. Con “Foxcatcher” sigue tratando el tema del deporte en la cultura estadounidense, de nuevo con una historia basada en hechos reales con tintes dramáticos.

FOXCATCHER

La cinta nos presenta la historia de Mark Schultz, campeón olímpico, pero siempre a la sombra de su hermano Dave, quien en su búsqueda de su propia identidad acaba cayendo en las redes de John Du Pont, multimillonario también marcado por una dependencia emocional familiar y necesitado de demostrar su valía para ser considerado digno del legado familiar. Miller es contundente a la hora de presentar a los dos personajes principales, sin andarse con medias tintas, ni engañosos suspenses. Desde sus primeras escenas, el personaje de Mark evidencia su carácter introspectivo y solitario, de personalidad insegura y carente del carisma que se le presupone como héroe olímpico. Tampoco su situación económica es boyante, mendigando aquellos compromisos a los que no puede acudir su hermano y sin apenas nada para comer, quedando su vida reducida exclusivamente a su dedicación deportiva (entrenamientos y estudio de los vídeos de los combates para corregir errores). Como sucederá también con sus otros dos compañeros de reparto, Channing Tatum realiza una construcción de personaje centrípeta, que va desde el exterior, lo físico, hacia el interior. Su propio lenguaje corporal queda definido por la postura encorvada que debe tomar en el ring, lo que enfatiza una imagen deshumanizada, casi simiesca. De pocas palabras y pasivo en sus acciones, es este componente físico lo que aporta al espectador información acerca del estado anímico y los pensamientos de Mark Schultz.

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Por su parte, Du Pont va acompañado desde el principio por una áurea oscura. De físico menudo y, a priori, poco amenazante, incluso ridículo, de ritmo lento y entrecortado, su presencia parece ir acompañada por el tic-tac de una bomba de relojería, de igual manera que su amplio apéndice nasal y su altiva y arrogante forma de mirar a los que están a su alrededor ayudan a definir al personaje como alguien prepotente y engreído, aunque también víctima de un profundo complejo de inferioridad. Du Pont es el último escalafón de un ilustre linaje familiar, representado en la película por su autoritaria madre (fugaz, pero espléndida Vanessa Redgrave). Esta herencia se antoja un bagaje muy grande para el personaje, quien busca la manera de destacar y convertirse en ese líder que perpetúe la posición social de la familia. Esta presión psicológica convierte al personaje en alguien que se debate entre lo que pretende aparentar y esa medianía que no puede ocultar, comprando afecto con dinero e intentando construir una imagen pública de sí mismo financiando el equipo olímpico de lucha libre o produciendo un documental entorno su figura. Para afrontar este papel, Steve Carell se ha apoyado principalmente en la prótesis nasal que creó el departamento de maquillaje, construyendo el lenguaje corporal del personaje y su mundo interior a partir de ese desproporcionado epicentro.

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El tercer pilar de la historia, aunque con un rol más secundario, es Dave Schultz, hermano mayor del protagonista y referente personal y profesional de éste. En el momento en que da comienzo la película, Dave es ya una institución en el deporte, y los méritos de Mark quedan subordinados a su legado. Esta situación de eterno segundón marca también la relación tensa de los dos hermanos, aunque en este sentido, Dave busca siempre apoyar y motivar a Mark. Frente a la estriada psicología de los otros dos personajes, Dave Schultz representa todo aquello a lo que ellos aspiran. Él es el atleta respetado y querido que Mark quisiera ser, además de ese líder natural y carismático que Du Pont simula encarnar. Además, frente a los otros dos, Dave presenta un equilibrio emocional más estable, no sólo por sentirse realizado con su trabajo, sino además por contar con una relación familiar con su mujer y sus hijos que sirve de contraste positivo a las carencias afectivas de Mark y Du Pont. Si ya de por si los dos protagonistas presentaban un perfil psicológico al límite, la envidia hacia la figura de Dave hace que la combinación sea aún más explosiva. El trabajo de Mark Ruffalo comparte algunas de las características físicas que ya habíamos apreciado en la labor de Channing Tatum, aportando al personaje también una forma peculiar de caminar y moverse, pero mientras Mark es presentado como un personaje esquivo, Dave es la otra cara de la moneda, cercano y afectuoso con su hermano.

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Con estos ingredientes “Foxcatcher” está lejos de ser la típica historia de superación y redención que gusta en Hollywood, especialmente de cara a los Oscars, más bien todo lo contrario. Miller ha querido indagar en la crónica negra estadounidense y trasmitir al espectador el terror y la claustrofobia que subyace en esta historia. Para ello ha optado por una puesta en escena difícil y arriesgada, basada en un ritmo lánguido y pausado, compuesto por planos abiertos y largos, y dejando que el silencio genere una ambientación angustiosa y desasosegante. Desde el inicio de la película el director se emplea a fondo para generar en el espectador incomodidad y repulsión, logrando que hasta el plano más simple y cotidiano resulte perturbador, preparando así a la audiencia para el rotundo y abrupto clímax final. Por otro lado, es también necesario resaltar la excelente labor tanto de Tatum como de Ruffalo (aunque quizás más a éste, ya que a Tatum siempre ha mostrado una excelente forma física previa a la película) a la hora de representar las secuencias de lucha libre. La puesta en escena de Miller no deja mucho margen para usar dobles, por lo que resulta evidente que ambos se han encargado de interpretarla estas secuencias, demostrando un gran trabajo de documentación y preparación previa para ilustrar estos combates de manera fidedigna. La parte más endeble de la cinta tiene que ver con aquello que se sale de ese triángulo destructivo que se crea entre los tres personajes principales. Concretamente, todo lo referente a la vida familiar de Dave Schultz queda meramente apuntada para añadir capas psicológicas al personaje y como contraste con el ambiente enrarecido de la trama principal, pero apenas tiene peso en el metraje, ni da pie para que, por ejemplo, Sienna Miller (encargada de interpretar a Nancy Schultz) pueda dar mayor entidad a su personaje. Y es que ni la puesta en escena de Miller, ni en la interpretación de los actores permiten la entrada de ningún sentimentalismo, ni ningún triunfalismo que oxigenen la atmósfera contaminada de la narración. Incluso en los momentos más positivos de la trama, el director se las apaña para plantar la semilla de la amenaza, ya sea a través de la interpretación de los actores o con una planificación en absoluto complaciente o preciosista. Esto convierte a “Foxcatcher” en una cinta tortuosa y displicente con el espectador, para quien el visionado de la película puede suponer una difícil viacrucis, pero a quien, una vez abandonada la sala de cine, sus personajes y la historia le seguirán acompañando gracias a la contundencia de la narrativa y la implicación de los actores.

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