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El respeto en los espectáculos públicos. Por Soledad Martín

Podríamos hacer un estudio de la tos en lugares públicos y no acabaríamos nunca. La tos se produce por contracción espasmódica repentina y a veces repetitiva de la cavidad torácica que da como resultado una liberación violenta del aire de los pulmones, lo que produce un sonido característico. Y tan característico en espectáculos públicos.

Existe muchas clases de tos: por sus elementos (seca, productiva y emetizante), por su duración (aguda, subaguda y crónica) y por su presentación (espasmódica, sibilante, convulsiva, nocturna y de esfuerzo)-. Pero no que no ponen los libros es la clase de tos malcriada.

Cuando la población va a un evento en el que no solo han pagado una entrada una persona sino todos y cada uno de los asistentes, y además has dejado de hacer otras actividades para disfrutar de alguna muestra de cultura interesante, debemos saber que no estamos solos en la sala.

La persona que expone,  en sus diferentes variaciones (pintura, música, conferencias….) donde el silencio debe reinar necesita de la máxima concentración para ofrecer al público el mejor de sus trabajos como corresponde,  y el espectador, en el caso de oyente, requiere exactamente igual de esa barrera de sonidos ajenos para poder apreciar en toda su dimensión la calidad de la exposición.

En el caso de un concierto el objetivo común es escuchar la más perfecta sincronización de notas musicales y coordinación entre los miembros que ostenta la instrumentalización.  Esto es lo que ocurre en nuestro gran Auditorio Adán Martín.

   No ha habido ni un solo día del Festival de Música de Canaria 2.015 que se haya podido disfrutar de ninguna obra con toda la intensidad que se espera.  Y ello es debido a esa contracción espasmódica y no tan espasmódica que mencionamos al principio, que si pudiera contarlas seguramente pasarían de varias  centenas.

Cuando una persona se encuentra enfermo, de sentido común es guardar reposo en su domicilio, más cuando tiene que estar sentado en una butaca y teniendo solo la obligación moral de estar en silencio. Creo que no se necesita  mucho esfuerzo.

Ese sentido común que no es el más común de los sentidos se llama RESPETO.

Es verdaderamente vergonzoso que un director de orquesta tenga que alzar la mano en dirección al público  en ademán de solicitar silencio y no una vez sino en varias ocasiones para que sus compañeros que necesitan esa concentración, puedan ejercer su trabajo con la dedicación que se les solicita. Porque pregunto yo: porque nunca tosen los miembros de una orquesta? Son más sanos que el resto del recinto?

Solo hay que escuchar  la pausa entre movimientos. Es preocupante que unas cincuenta personas a la vez empiecen a toser y toser.

Varias son las propuestas a los dirigentes de nuestro auditorio.

La primera y sencilla es marcar en la propia entrada o tarjeta de bono esa máxima de respeto. Solicitud de silencio.

La segunda es a modo de enseñanza primaria, vender unas pastillas contra la tos o un pañuelo donde amortiguar el sonido en el caso involuntario de emitir el sonido.

Y la más importante de todas. Enseñar desde pequeños que, entre tantas y tantas cosas que se han olvidado, el respeto hacia los demás es lo mejor valor que puede tener la humanidad.

…. POR FAVOR SILENCIO QUE EMPIEZA….

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