FIRMAS

¿Mentir para ganar las elecciones? (II). Por Eduardo Guerra

Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga.           

Denis Diderot

 

En el artículo anterior tratamos de descubrir la naturaleza de la mentira en política, de su razón; con la idea de evaluar si ésta tiene valor estratégico en las campañas electorales, por lo que en este artículo seguiremos intentándolo, dado lo complejo que es este concepto.

En el Diccionario de la Real Academia Española, la definición de mentira dice así:

  1. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
  2. La que se dice con el fin de servir o agradar a alguien
  3. verb. Fingir que se sabe algo, para hacer que lo manifieste otra persona que tiene noticia de ello.

Mentir, engañar, ocultar, omitir, esconder, falsear, prometer lo imposible, adornar, maquillar cifras, etcétera, etcétera, son recursos que han usado y seguirán usando muchos políticos, mandatarios y gobernantes, en su carrera para llegar al poder; y estas mismas mañas las seguirán usando para tratar de permanecer en el poder una vez llegan.

Está claro que un candidato no debe, ni puede mentir, pero el debate va más allá de este principio moral, o de la norma social. El meollo del asunto, el propio debate, está en la realidad y la falsedad que se está tratando en la campaña. Porque, si se dicen verdades en la campaña, y esas verdades son duras y poco agradables, se pueden perder las elecciones, y por eso hay que adornarlas.

Pero lo más importante no es lo que se dice, sino quién lo dice, cuál es la talla, el talante y el carisma del candidato, en definitiva, si es un líder de verdad. Sólo un líder fuerte puede decir verdades y no perder por haberlo hecho. Son casos excepcionales, líderes que tienes tal poder de convicción y una credibilidad tal, que aun haciendo un excesivo uso de la sinceridad y de la verdad, salen ilesos después de decir esa verdades que duelen. La confiabilidad del candidato es vital, y si la gente cree que éste siempre dice la verdad, siempre será difícil de derrotar.

Debemos prepararnos para el torneo de mentiras y falsas promesas que nos dirán este año 2015, año con muchas elecciones.

La cuestión está en cómo saber quién nos miente, o al menos, quién nos miente más, ya que casi toca admitir que escogeremos entre el menos malo de los candidatos que se presenten. Quizás habría que acuñar una frase como ésta: Más vale mentiroso conocido, que mentiroso por conocer…

Pedro Sánchez, el Secretario General del PSOE y posible candidato a la presidencia del Gobierno de España, decía hace unos días acerca de Pablo Iglesias, “Miente más que habla”, y es que es tanto lo que ofrece y miente el líder de PODEMOS, que ya no se acuerda lo que dice.

Y si Pablo Iglesias, es capaz de decir hoy que es un radical de izquierda, y al cabo de unas semanas se desdice y ahora, milagrosamente, ya no es de izquierda, sino que es un social demócrata de centro izquierda, es imposible que Sánchez se quede callado, en vista que la gente de PODEMOS quiere ocupar su lugar.

Así, como en un torneo, los veremos acusarse de mentir unos a otros, todos contra todos, de todos los partidos políticos, salvo contadas excepciones.

Es triste pensar que el ciudadano, el elector, si se deja engañar, puede terminar por escoger al que mienta mejor, al que diga las mentiras más complacientes, y de eso PODEMOS estar seguros, que mienten…

Finalmente debemos advertir que no todos los políticos mienten, que hay excepciones que confirman la regla, y que en muchas ocasiones pagan justos por pecadores. La democracia no es perfecta, pero sí es perfectible, de tal manera que por culpa de los mitómanos de oficio, no dejemos de creer en la política y en la democracia como la mejor manera de vivir en sociedad.

Eduardo Guerra B

Analista político y representante en España de la empresa Estudios y Organización Eugenio Escuela.

 

  

 

 

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