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‘Capitán Franco’, una novela de Pedro Herrasti. Por Eduardo García Rojas

“Marruecos se parecía al Oeste de las películas: tabernas, fulanas, alcohol, terreno árido, calor, timbas de cartas y balazos. Es decir, que si uno era hábil para no aparecer donde había tiros no se estaba nada mal. Para mí era un ambiente perfecto. Siempre lo he dicho: como fuera de casa en ninguna parte. Para los solteros era bueno. Para los casados todavía mejor. Bastaba con ser lo suficientemente inteligente como para dejar a la mujer, hijos y demás parentela en la Península y dedicarse a sus asuntos sin molestias.”

(Capitán Franco, Pedro Herrasti, colección: 
Narrativas históricas contemporáneas, Edhasa, 2014)

George Macdonald Fraser dedicó doce novelas, y tres relatos, a uno de los personajes más felices y desconcertantes de la novela histórica y de aventuras de los últimos tiempos. Su nombre es Harry Flashman, un militar matón y cobarde al que la suerte y su sentido de la oportunidad terminan por convertir en uno de los más grandes héroes británicos del pasado siglo XIX. Esa es la lectura oficial ya que a través de los libros de Flashman, que recogen sus supuestas memorias, se relata el ascenso hacia la gloria de un, sin embargo, simpático canalla.

Escrita por Pedro Herrasti, Capitán Franco nace con la voluntad de ser algo así como la versión española del Harry Flashman de Macdonald Fraser. La idea, al menos, es la misma: el descubrimiento de las supuestas memorias de un militar español, Jorge Blanco, por uno de sus nietos. Y recuerdos que en esta imaginamos que primera entrega de lo que promete ser una serie, nos presenta al personaje en plena guerra de Marruecos, una colonia por aquel entonces de España y territorio en el que conoce a un entusiasta y valeroso capitán de regulares llamado Francisco Franco en el furioso combate del Biutz, donde el hombre que llegó a gobernar los destinos de este país resulta gravemente herido.

Para todos los lectores que disfrutamos, y de paso refrescamos la historia británica a través de las novelas de Macdonald Fraser, el esfuerzo titánico que ejerce Herrasti en su Capitán Franco supone algo así como una corriente de aire fresco en el género de la novela histórica. Lástima que carezca, sin embargo, de la crítica y la ironía del escritor británico, aunque tiene momentos, sobre todo cuando el joven oficial Jorge Blanco es destinado a Madrid, que pueden hacer evocar las mejores páginas de ese divertido pero también repugnante libertino que fue Harry Flashman.

La baraka o la buena estrella acompañan pero también desaparece en Capitán Franco. Al margen de la historia que cuenta, y en las que el protagonista se encuentra con personajes reales como el mismo Franco, Manuel Azaña, escritores como Miguel de Unamuno, Rafael Cansino Sáenz, mujeres de bandera como Volga Hayworth, madre de la actriz Rita Hayworth; el anarquista Buenaventura Durruti, Santiago Bernabéu y militares como el gamberro Ramón Franco, Muñoz Grandes o Millán Astray, la novela resulta algo caótica en su agradecido intento en combinar verdad y mentira. Ya dijimos que cuenta con momentos muy bien descritos pero también con otros que parecen forzados. Tampoco acaba por dar cuerpo a su protagonista, quien no termina por resultar convincente en su papel de vil cobarde que asegura que es en sus memorias.

Como en las novelas de Harry Flashman, a lo largo de Capitán Franco se nos informa que podrían publicarse próximas entregas de estas supuestas memorias de Jorge Blanco ya que, como este mismo indica en las páginas de la novela, además de combatir en Marruecos también participó en la Guerra Civil y en el frente ruso como miembro de la División Azul. Habrá que esperar sin embargo a que estos papeles salgan a la luz para calibrar cómo evoluciona un personaje y cómo encaja en las distintas y complejas situaciones históricas en las que parece se vio envuelto.

La pregunta ahora es conocer si Jorge Blanco, como Harry Flashman, hace carrera en el ejército por su capacidad para el engaño y el arribismo más sangrante o, por el contrario, termina por convertirse en un héroe de verdad.

En este sentido, tengo la esperanza de que Herrasti apueste por seguir el camino que ya inició Macdonald Fraser con Harry Flashman. La historia de este país merece que sea narrada en primera persona por uno de sus ¿héroes?, aunque éste sea producto de la imaginación.

La imaginación es un territorio en el que se mueve muy bien Pedro Herrasti, sobre todo cuando evoca el miserable espíritu de Harry Flashman, solo que con acento español.

Desgraciadamente, pero solo a ratos, parece que su autor pierde la perspectiva cuando incluye en el texto reflexiones actuales bastante ingenuas y discutibles. También cuando Jorge Blanco olvida que es un individualista y un canalla. Ese encantador canalla que nos hizo que nos cayera tan bien ese matón llamado Harry Flashman.

Dejemos que sea el tiempo, y si la serie Blanco continúa, que sea el mismo Herrasti quien nos diga por que camino se nos va.

Espero que termine decantándose por el de la crítica feroz tanto a un lado como al otro –o esas izquierdas y derechas que tanto daño han hecho a este país– para apostar por la carrera ascendente de un militar que no mira más allá de su provecho personal.

Ya saben, un antihéroe canalla y tan cobarde como el recordado Harry Flashman.

Saludos, mientras tanto…, desde este lado del ordenador.

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