FIRMAS

Proyecto de investigación de la Universidad de Deusto: «La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial». Por Yolanda Arenas

Lo dije muchas veces: tan igual, tan idéntico son ETA y el fascismo que ETA se moriría en la cama… como aquel. Y sólo cuando estuviera muerta y enterrada empezaríamos a conocer las historias de sus desmanes y empezaríamos a hacer autocrítica, a ver las consecuencias de su existencia, a analizar pese a quién pese porqué  duró tanto un cáncer tan grande. Porque más allá de los muertos, los mutilados, los huérfanos, las viudas, las familias desgarradas, hubo muchas más víctimas: la mutilación de la libertad  de expresión, la autocensura de periodistas, políticos, sociólogos… los eufemismos con los todos nos hemos referido a   esa banda de asesinos y sus portavoces: izquierda abertzale (patriótica)… manda huevos.

Pero también han estado ahí  los políticos obligados a llevar escolta y una sociedad que incluso se permitía pensar que a algunos «les gustaba» llevar escoltas y menospreciaban a quienes tenían que llevarlos; una sociedad que, nos guste o no reconocerlo, miraba para otro lado o se iba sin plantar cara y estallar de indignación en el momento en que el/la imbécil de turno decía barbaridades como «algo habrá hecho» o «un perro menos» cuando en una tienda la radio relataba el último asesinato de «los gudaris» y nos quedábamos en casa viendo pasar manifestaciones pidiendo derechos humanos para los expertos en el tiro a corta distancia y la bomba cuyas consecuencias eran «culpa» de los que no habían desalojado a tiempo Hipercor, porque ellos habían «avisado» por teléfono. Incluso se llegaba a decir que al Estado le interesaban los muertos para desprestigiar a ETA… porque obviamente ella sola no se desprestigiaba estando como estaba llena de valientes sacrificados por la causa, que a día de hoy no saben qué coño hacer con la causa, con una vida tirada literalmente a la basura y con unos recuerdos con los que no creo que sea fácil vivir y más cuando desaparece aquello que sustentaba éticamente su barbarie. 
Y están los policías, guardias civiles y militares mirando cada día los bajos de sus coches, siendo insultados, escondiendo su  profesión o diciendo a amigos y vecinos que no les saludaran en la calle. Y sus mujeres…  con el miedo pegado a la cesta de la compra y las lágrimas de terror vertidas en casas de vecinas.
Y están los empresarios… empresarios que recibían cartas donde les decían dónde estudiaban sus hijos o por dónde y con quién andaban y les conminaban a pagar el Impuesto Revolucionario que nadie se atrevió a llamar como lo que realmente era: un chantaje sangriento. Empresarios que pagaban (la inmensa mayoría lo hacían) y viven con el dolor de saber que han pagado para que los bestias pudieran seguir matando.
ETA casi se ha acabado y la Universidad de Deusto ha emprendido un estudio en el que once investigadores van analizar desde la memoria, la ética y la justicia el mundo de uno de esos eslabones del terror: las extorsiones a empresarios.
Se van abriendo puertas y no nos va a gustar lo que vamos a ver. Cada puerta va a ser un retrato de muchos de nosotros y nos vamos a sentir cobardes, imbéciles… avergonzados a poquito que ejerzamos la autocrítica y nos demos cuenta de que cada uno de en su medida cayó, se dio la vuelta, miró para otro lado. Dejamos que pisotearán nuestra libertad y los derechos humanos. Permitimos que nuestra tierra se convirtiera en la única república bananera de Europa. Se murió Franco, cayó el muro, apareció Solidaridad y la Perestroika, la URSS se fue la garete y ETA seguía  ahí porque, unos más que otros sí, pero todos al fin, no dijimos HASTA AQUI.
Puede que no me guste lo que vea detrás de cada puerta que se habrá, puede que lo que vea me haga agachar la cabeza avergonzada pero bendita sea cada puerta que se habrá.
Si queréis más información sobre el estudio… o incluso participar en él, os dejo el enlace:

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