FIRMAS

Hora decisiva para el socialismo. Por Salvador García Llanos

Solemos recurrir a la expresión ‘el día después’ para apelar a la reflexión o a la previsión de las consecuencias que sucedan a cualquier toma de decisión, mejor dicho, de aquélla que entrañe un significado especial o implique una trascendencia fuera de lo común. Ahí lo pedimos prestado a Nicholas Meyer, el director de la célebre película así titulada “El día después”, ese en el que no se suele reparar, simplemente para llamar la atención de cuantos participan en una determinación o un resultado y va a haber unas repercusiones colectivas que influirán de forma directa en la organización y el ámbito en que se desenvuelve.

El socialismo español se apresta para otra jornada (el próximo domingo) de tales características: la convocatoria para elegir, en  modo de primarias abiertas o internas, los candidatos que han de representarlo en los comicios autonómicos y locales de la próxima primavera. Si importante es esa fecha para candidatos que han sido proclamados, lo es también para militantes y simpatizantes y para toda la organización a la que nadie podrá negar, desde luego, la voluntad de dar pasos para incentivar los cauces de participación y conectar mejor con la sociedad que, por múltiples razones de amplio análisis, se ha ido alejando.

Pero no basta con decir que ha sido un avance considerable, que se han democratizado algunos métodos o que las demás organizaciones políticas tendrán que inventarse dispositivos similares si es que no quieren ser acusadas de anticuadas, poco transparentes o escasamente democráticas: el PSOE tendrá que desmenuzar los pormenores del funcionamiento de este sistema con el fin de perfeccionarlo. Ya son conscientes sus dirigentes de que los vientos soplan en contra, de que la política no es actividad que atraiga -aunque viendo algunas luchas y algunos episodios, hay que relativizar esa apreciación- y de que, tal como evolucionan las exigencias de la vida pública, es indispensable estimular la formación de los militantes y el apego a la política si es que de verdad se quiere fomentar la participación activa en procesos de esta naturaleza.

Por lo tanto, lo que importa de verdad es el próximo lunes, no solo para hacer recuento y repasar actuaciones sino para contrastar los efectos de la movilización del partido y hasta dónde han llegado los niveles de incorporación de los simpatizantes. Vienen luego unos meses en que hay que completar el proceso y compatibilizar las tareas orgánicas con las institucionales. Y preocupa también el día después qué van a hacer los derrotados y sus seguidores: conocemos bien algunos casos de reacciones intempestivas, de resquebrajamiento y de ruindades posteriores en cualesquiera forma de desentendimiento y de críticas malsanas en foros inapropiados extendiendo un reguero de descontento que revierte sobre muchísima gente.

En eso es en lo que deben afanarse los candidatos: en aleccionar a sus seguidores de modo que, ocurra lo que ocurra, al día siguiente estén en plena predisposición de respaldar al ganador. Será entonces cuando cobren vigencia conceptos como el compromiso y la responsabilidad, demostrables con hechos, siquiera refugiándose en labores domésticas como ensobrar candidaturas, intervenir en redes sociales o asistir a algún acto público.

¿Serán conscientes los militantes socialistas de lo que representa ese paso? ¿De que es suya, y exclusivamente suya, esa responsabilidad? Hacen tabla rasa (al menos, formalmente, para ciertas decisiones), deciden libremente y habrán de continuar con un ejercicio comprometido y consecuente. Ojalá eso haya servido también de actitud reflexiva, es decir, para darse cuenta de que hay que enterrar el cainismo y cultivar el compañerismo. A ver si se percatan de que son reprobables ciertos métodos sectarios y ciertas prácticas excluyentes. Un partido político -en realidad cualquier organización colectiva- se construye con la suma de esfuerzos y de aportaciones, con lealtad probada a los principios ideológicos y a los postulados programáticos. Nada de eso impide la autocrítica, la pluralidad de criterios y los enfoques diversos pero que, desnaturalizados con los personalismos y las ambiciones individuales o grupales (más tarde o más temprano terminan aflorando), producen efectos muy nocivos.

Más autoestima y menos flagelo, que esa es otra. Así como la primera no debe ser entendida como complacencia o base de frágiles y acomodaticias convicciones, que esté claro que el látigo esgrimido para castigar a aquéllos con los que se discrepa o no se simpatiza es el mismo con el que se hace sufrir a una causa o a una organización que bastante recibe ya de adversarios políticos, medios y sumideros que no reparan en gastos para doblegar al socialismo.

 

El asunto se resume en que el PSOE tiene que superar el viejo dicho de que el enemigo lo tiene en casa. Y que tantas energías derrochadas para superar al compañero aspirante solo sirven para fortalecer a los antagonistas. Será entonces cuando, después de tantos años, se pueda hablar de madurez.

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