FIRMAS Juan Velarde

Miguel Blesa abatió el oso de Caja Madrid y muchas cosas más. Por Juan Velarde

¿Quieren saber ustedes quién es Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid? La recomendación que les hago desde estas líneas es que vayan a su librería más cercana y pregunten por ‘Miguel Blesa, el lobo de Caja Madrid’, una obra escrita por Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez, en la que queda perfectamente retratado este sujeto, un señorito andaluz de Linares que creyó que la entidad fundada por el religioso Francisco Piquer era poco menos que su cortijo particular en la que las opiniones de los consejeros discrepantes se las podía pasar por el forro de sus mismísimos (ya se imaginarán ustedes a lo que me refiero).

A lo largo de unas 220 páginas, este libro editado por Esfera de los Libros, es el fiel reflejo del mangoneo existente en nuestras cajas de ahorros y el paradigma del chuleo constante a los clientes lo conforma la caja del oso verde. Los criterios para realizar operaciones no estaban sujetos a lo que pudiera decidir un consejo de notables. Miguel Blesa hacía y deshacía a su verdadera conveniencia y cuando alguien le intentaba recomendar que determinadas compras, como las del Banco Nacional de Florida, podían tener un riesgo evidente y habría que buscar una asesoría externa para valorar y calcular los perjuicios de la operación, Blesa espetaba al incauto de turno con un, con perdón, “no me sale de los cojones”. Y como lo de la compra de ese banco, muchísimas más operaciones descabelladas y descerebradas.

Claro, así no es de extrañar, por ejemplo, que este personaje tuviese como amiguetes a otros elementos de cuidado como Fernando Martín, el elemento que construyó una mole ruinosa con Fadesa o, qué decir de dos individuos menos recomendables que la cicuta que hicieron beber al filósofo Sócrates, Gerardo Díaz Ferrán o Gonzalo Pascual (Marsans, Air Comet), amén de que el primero de ellos era, ni más ni menos, que el presidente de todos los empresarios españoles. A Dios gracias que acabó en el talego, aunque sus empleados aún siguen a la caza y captura de poder cobrar todo lo que ese pajarraco les ha dejado a deber.

La pena es que a Blesa le juzgó un personaje nada aconsejable como el ‘magistrado’ Elpidio Silva, un Garzón versión 2.0, que también optó por pasarse por el arco del triunfo los procedimientos reglamentarios y buscó los titulares del Telediario, ver cómo el expresidente de Caja Madrid entraba por dos veces en prisión y cómo al final, después de unas horas, en primer término, y de cinco días, en la segunda oportunidad, el señorito de Linares salía de la cárcel de Soto del Real y encima era el propio exbanquero el que acababa poniendo a Silva en el banquillo de los acusados. Cosas de esta España donde el presidente de una entidad que llevaba el nombre de Monte de Piedad hizo del beneficio general su botín particular y donde un juez que debía haber impartido justicia con templanza quiso saltarse por huevos todos los pasos a los que el procedimiento obliga.

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