FIRMAS Marisol Ayala

“La natación me devolvió la confianza”. Por Marisol Ayala

Este reportaje lo escribí en el mes de julio del 2008 y lo recupero hoy porque no saben cómo me admira este chiquillo. Anoche lo entrevistó Risto Mejide. Conozcan algo más de la vida del campeón invidente.

 

 

“Enhamed Enhamed tiene 23 años, es canario, y cuando con 8 años perdió la vista se refugió en la natación hasta hacer de la piscina su cómodo hábitat. Así nació la carrera deportiva de Enhamed Enhamed. Es récord del mundo de 100 mariposa y dice que como se quedó ciego siendo un niño no se lo tomó en serio, pero cuando comprobó que podía jugar a la pelota lo asumió. Lo que más impacta de la historia de Enhamed Enhamed Mohamed es cuando habla de la edad en la que perdió la vista y deduces que ha vivido con visión durante varios años de su vida.

Ése es el único episodio del relato en el que este chico de 23 años, nacido en Las Palmas, con cinco hermanos, uno ciego, como él, se pone serio. De resto asombra observar de qué forma ha asumido su ceguera, que además ha potenciado un agudo sentido del humor. “A mí me ha pasado eso de ir por al calle, tropezar con una mujer en silla de ruedas y al darse cuenta de que soy invidente decirme, impresionada, ‘¡pobrecito niño, eres cieguito…!’ y yo un poco enfadado contestarle: ¡Señora, peor usted que está en silla de ruedas!” Lo cuenta y se ríe un poco.

Enhamed con Risto Mejide

Digamos que cuando se publique este reportaje (recuerden; escrito en julio del 2008) Mohamed estará en Sierra Nevada con sus compañeros de equipo, que preparan ilusionados los Juegos Paralímpicos de Pekín que comenzarán en septiembre para los que ha sido seleccionado por su fantástico historial como nadador. Posee el récord del mundo de 100 metros mariposa en 1.03.28, ha ganado ocho medallas de oro, tres de platas en el Campeonato Mundial de Colorado hace dos años y su proyección es imparable. En los EE UU le consideran un referente mundial del deporte para discapacitados.

En la actualidad entrena más de seis horas diarias en el Centro de Alto Rendimiento Joaquín Blume en Madrid donde está becado, al tiempo que el deporte le permite Enhamed estudia Administración de Empresas, una carrera de cuya filosofía ha estado cerca siempre porque “mi padre tiene una tienda desde que yo era pequeño, pero, bueno, ahora lo primero es Pekín porque mi objetivo es subir al pódium y ahí sólo suben tres”. Pero hasta llegar aquí, y ser la estrella de la natación mundial ha batallado mucho en el agua y fuera de ella.

No cree que su caso sea ejemplo de superación de nada, en todo caso de supervivencia, porque cuando con ocho años se quedó ciego Enhamed se percató de que ya no podía jugar a la pelota “porque no la veía, claro”. Deducción infantil y tierna la suya. Fue entonces cuando se decantó por la natación “donde me sentía a gusto”. Dice que cuando se vio en la oscuridad tuvo la reacción de la infantil inconsciencia: “Me pareció un juego, no veía, y buscaba las cosas con las manos, tocándolas”.

Imprudencia infantil

Pasó que cuando Enhamed tenía unos siete años le detectaron glaucoma, una enfermedad de los ojos que se define como una neuropatía óptica progresiva y que a él le alcanzó a los dos ojos. “Recuerdo que mi madre me dijo que no podía moverme bruscamente, ni correr, ni jugar porque se me podía desprender la retina, algo que entonces yo no sabía ni lo que era. Pero ya sabe usted cómo somos los niños, así que un día jugando con mis hermanos sin precaución ni nada noté que la vista se me nublaba, que no veía bien y al rato ya estaba todo negro. Se me desprendió la retina, primero de un ojo, después del otro y a partir de ahí no he podido ver más”. Uno de sus hermanos también es ciego, pero “se quedó poco a poco”, explica. Enhamed tiene cinco hermanos todos nacidos como él en Las Palmas y sus padres nacieron en El Aaiún.

Enhamed en campeonísimo

“¿Qué cómo fue lo de la natación?, pues porque entré en la ONCE para aprender a manejarme como un invidente y con trece años me llevaron a la ONCE en Madrid; allí un profesor que se llamaba Ramón me enseñó a nadar y ahí empezó todo…” Enhamed es nadador del CN Las Palmas y dice que enseguida se dio cuenta de que en la piscina era el lugar donde más seguro se sentía: “La natación me devolvió la confianza”.

Dice que ya se maneja bien, pero que socialmente todavía ser ciego es enfrentarse a muchos problemas “porque incluso la ceguera tiene cierta leyenda, pero no para todos los invidentes; por ejemplo, un músico ciego es, ¡uf!, una cosa muy buena, pero no, el trato no es el mismo para todos”. A él “la natación me ha servido por ejemplo para convivir con la gente y para saber que puedo llegar, que soy capaz y que soy feliz. A mí lo que no me gusta es que de un ciego se hable como el ‘pobrecito ciego’, me suena mal mal”.

Dice que “con nosotros ha pasado siempre que nos han creído incapaz de hacer cosas, por ejemplo, todos nos aconsejan que estudiemos Historia porque ‘los ciegos tienen mucha memoria”‘, ¿qué tiene eso que ver? Por eso digo que la natación me ha ayudado a seguir adelante y a saber que puedo hacer lo que quiera”. Es un chico con una cabeza bien amueblada que aunque intuye que su futuro inmediato está en Madrid, donde estudia como becado, echa de menos la forma de ser de los canarios “porque aquí todos quieren prisas”. Sus hermanos, sus padres y sus amigos le tiran. “¿Que si tengo novia?, no porque ahora es complicado y sólo tengo tiempo para entrenar”. Llegará.

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