FIRMAS Juan Velarde

Pedro Sánchez: ¿El nuevo Zapatero 2.0 del PSOE? Por Juan Velarde

El PSOE tiene un serio problema de autoridad. Su secretario general, Pedro Sánchez, se está comportando como un auténtico Zapatero, versión 2.0, incapaz de poner en su sitio a todos aquellos que hacen dentro del partido lo que les viene la real gana sin asomo alguno de ponerse colorados. El principal escollo que es incapaz de solventar el ‘guapo’ de Ferraz, el ‘sonrisas Profidén’ de Magariños, se centra en sus compañeros del PSC-PSOE. Los socialistas catalanes van perdiendo a pasos agigantados el prefijo de ‘socia’ para reconvertirlo en el de ‘nacio’, de tal suerte que cada vez se confunden más en el panorama político del oasis catalán con cualquiera de esa caterva de Artur Mas, Oriol Junqueras o David Fernández, el quinqui de las CUP.

Pero a Pedro Sánchez eso le da exactamente igual. Para él lo importante es pillar poder al precio que sea y si tiene que sacrificar su sucursal catalana a cambio del apoyo del radicalismo nazionalista, no le temblará el pulso y así lo hará. Y exactamente hará tres cuartos de lo mismo en el caso de que tuviese que llegar a algún tipo de pacto o de entendimiento con Podemos. Desde luego, ya son muchos dirigentes socialistas los que han manifestado que si pueden derribar al PP de alcaldías o de comunidades autónomas con los votos del partido de Pablo Iglesias o apoyando a éste, lo piensan hacer, lo cual deja en clara evidencia a un Pedro Sánchez que por la mañana marca unas reglas y por la tarde ya no le queda una sola sana. Ese es el precio de ser el candidato impuesto por la califa andaluza.

Eso sí, las bases del socialismo no están por la labor de tener a otro líder de cartón piedra, a un tipo de sonrisas almibaradas y promesas vacuas. Por de pronto ya han visto como la posibilidad de las primarias comienza a coger tinte y tonalidad de quimera. Quizá, sólo quizá, la propia Susana Díaz, la que está manejando por detrás al líder de Ferraz, puede arrepentirse de haber dejado crecer demasiado el ‘efecto Sánchez’. El juguete puede haberse descontrolado de manera inopinada y empiece a pensar por su cuenta y riesgo. Lo mismo pasó con ZP, un político de talante que poco a poco fue devorando a propios y a extraños hasta el punto de acabar siendo el apestado mayor en cualquier sarao socialista que se preciara. No sé por qué me da que Sánchez pudiera estar emprendiendo la misma senda. Las próximas elecciones nos lo aclararán.

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